viernes, diciembre 29, 2006

PAGINANTES

Envíos paginantes (incluye acceso a periódico paginantes): Envíos hasta el momento: *Mientras tanto *Mañana es tarde *Emociones *Vuelos *El Gato negro *Las niñas jirafa *SOS Tilcara * Número de paginantes inscriptos al 29-12-2006 8007.
Grupo http://ar.groups.yahoo.com/group/paginantes/ * Número de paginantes inscriptos al 29-12-2006 81.

miércoles, diciembre 27, 2006

Recuerdos de arena (de Matchornicova) P603010

Esas orillas de aguas, con arenas de otros tiempos,
caracolas marinas peregrinando rocas y fondos transparentes,
huellas con aroma a sal,
soledad que tiembla como un rugido inquieto.

Y la luna llena con gaviotas alando el firmamento,
de miradas acuáticas en el horizonte;

sí hasta las algas siembran el color de tu canto
de una noche en pleno día...
y ese sol irradiando inmerso
en el volumen acuático, mágico,

fascinante
de
movi
mientos ,
con
o
l
a
s
bailarinas
viajeras sin finales,
en el borde del planeta ;

Se irán algún día
ausentes de preguntas
todas las presencias
Y
quedarán sembrando en otros ojos
El recuerdo
incrustado en el mar.

Aquel espejo (de ©Skorpiona) P611150

Parada frente a un espejo,
me miro y remiro a los ojos.
Con la mirada dibujo mi rostro,
que tantas veces habré delineado.

Espejo querido y odiado a la vez,
testigo de aquella metamorfosis
tan inexorable en mi cuerpo.
Vagamente recuerdo a la niña que fui
y observo a la mujer que ahora soy,
imagino a la anciana que mañana seré.

Se diluye la vida frente a tus ojos,
simple cristal embadurnado de azogue.
Quisiera quebrarte cuando flaqueo,
huir de la mano con mi reflejo
a recorrer paraísos que encierras:
abandonar por siempre a mi sombra,
que tan sola queda frente al espejo.

viernes, diciembre 22, 2006

PAGINANTES SOLIDARIDAD

Si necesitás pedir ayuda o querés ofrecerla, este espacio paginante está para eso.
La idea es armar un grupo de acción solidaria a nivel mundial, para que la vida sea mejor.
Para pedir ayuda u ofrecerla de modo inmediato ¡amiga, amigo!, dejá tu comentario en este post.
Y nunca olvides que EL AMOR ILUMINA.
Un abrazo desde mi alma paginante.

LUIS ALBERTO BATTAGLIA

miércoles, diciembre 20, 2006

El albatros (de Charles Baudelaire – Traducción Ulises Petit de Murat) T 4

Con frecuencia, para divertise, los hombres de las tripulaciones, se apoderan de albatros, vastos pájaros de los mares que siguen, indolentes compañeros de viaje, al navío que se desliza sobre los abismos amargos.

Apenas los han depositado sobre la cubierta, estos reyes del cielo torpes y avergonzados, dejan arrastrar a sus costados, como remos, lastimosamente, sus grandes alas blancas.

Ese viajero alado, ¡que desmañado y débil es! Él, antaño tan bello, ¡cómo es cómico y feo! Uno atormenta su pico con la pipa encendida; otro remeda, cojeando, al inválido que volaba.

El poeta es parecido al príncipe de las nubes que frecuenta las tempestades y se ríe del arquero; desterrado sobre el suelo, en medio de las befas, sus alas de gigante le impiden caminar.

Poema de sol (Diana Bracamonte) P606060

Con una cinta de sol,
enlazó su alma
a las estrellas
y se elevó hacia
el cielo,
entre las nubes.
Tocó la luna
y volvió con estela
de cometa.
Dorada por el
Sol
de tanto amor,
que mantuvo
en su interior
y tanto tiempo,
se irguió,
radiante,
como fuego blanco.
Y se abrió paso
entre tormentas.
Y enfrentó
los huracanes
con grandeza,
porque creyó en su último abrazo.
Que fue su alimento,
hasta el ocaso…
Mas luego vendría la noche,
la luna nueva
no alumbraría el camino.
Esperar la madrugada
ya no tenía caso.
Y con plumas de un búho
trazó un puente,
esperando llegar al otro lado.

miércoles, diciembre 13, 2006

Sendero enajenado (de Encantadoraandrea) P608010

SENDERO ENAJENADO
Travesía en la penumbra de una mente, zozobrando por las
agonizantes turbaciones que afligen su sensatez.
Gimen, deambulan, lloran, gritan, galopan los seres tristes que me
rodean mientras que estoy cubierta por las telarañas de las
confusiones... Esas extrañas sensaciones donde yo parezco ajena a
esta tierra, como de un mundo distante, desorbitado, plagado de
mendigos y reptiles de miseria.
Agonizo dentro de las deboradoras inquietudes, que me acechan,
celosas y recubiertas de espinas, porque ellas pinchan, lastiman,
mientras que no puedo curarme, porque dudo estar enferma, aunque
afirmo que estoy triste.
El hartazgo me envuelve y hastía mis sentidos sufrientes, Halos
indescifrables de los misterios de una mente enferma. Dañada por una
demencia que avanza y se relame sobre las ansias de despertar en la
realidad, volviéndome cuerda.
Reconozco que estoy confundida, sangrando penurias vividas,
sufriendo penares ajenos que llegan hasta la agitación de mi memoria
y no hay descanso, aunque quiero, aunque ruego, aunque deliro y
clamo por un cambio de sendero hacia un aljibe de agua cristalina
Largo rato de semblantes sonrojados, carentes de sonrisa y montados
en cólera, inundan mis demonios furiosos y frustrados por no poder
volver a ser quien fuera ayer. Yo, una bailadora de la alegría,
sensibilidad y tibieza, con aureola de dama antigua y pura, como
pintada en un retrato de Van goh
.Claman voces a mi paso pero no hay mirada alguna hacia mi persona,
será que me he perdido dentro de mí y no encuentro la salida del
laberinto donde hallaré mi paz. Esa paz que me dará claridad a mi
negruzca maleza de inseguridades mentales.
Que poca cosa soy, estando distante, haciéndome chiquita y sin
querer llamar la atención. Casi casi como si hubiese fallecido de
tan oscura insania que me emsombrece.
Intento sea oído un llamado interno pidiendo auxilio pero el tren de
conflictos que me abarca, obstaculiza el agudo grito de socorro que
se ahoga en mi seca garganta.
De golpe, atino a ver figuras de colores de seres humanos que pasan
alrededor de mí, sin siquiera tocarme, como si me ignoraran.
Que despiadada es la naturaleza de la muchedumbre, que repara en la
desmembranza de las pirañas del razozineo, desechándolas como
malévolas y malolientes sin darse cuenta que solo son mías y no
contagian y que lamentablemente no quieren salir de mi.
Y mucho menos ,albergar lozanos pensamientos en un alma empobrecida,
por las transgresiones del embravecido inconsciente
Sin ningún tipo de intención recuerdo de mi infancia, ese grito
pegado por una madre que no era la mía y el silencioso enojo de los
niños que la seguían sin entender a que se debía el supuesto alarido
proferido.
Como olvidar esa experiencia donde se agitaban mis ángeles blancos
en el infierno de mis sueños de pequeña.
He crecido y quizás empeorado, no sé si estoy cuerda, aunque afirmo
que deliro.

Sin saber como y porqué, una melodía llama mi atención y siento como
un ángel rubio, se acerca y me consuela.
Me dejo guiar por él, y descalza deambulo por esos lugares donde
ahora, ilumina el sol.
Ha ocurrido un milagro porque se ha limpiado mi mente de los
artificios malignos
Soy tan libre que nadie me puede alcanzar y me siento ágil y
ligera, porque ya estoy regresando a mi rincón de claridad, donde
ayer me ocultaba, para obtener la paz y no el silencio sepulcral.
¡Que lúgubre las mentes en conflicto!
Con la túnica oscilando, se marchan los fantasmas de la locura y se
abre mi alma a un espacio diferente en la vida, donde las bocas
rojizas de las mujeres, lanzan murmullos de admiración ante la
morocha de tez clara que avanza, vestida de blanco y con ramo de
jazmines en su cabello, festejando la buenaventura del regreso a una
nueva existencia, colmada de jacintos sobre la falda, que cae en
forma armoniosa sobre sus delicados tobillos.
La espalda erguida, como mástil de bandera, sin que nadie sepa que
martirio ha ocultado. Un andar elegante, una mirada inquieta, casi
traviesa., una sonrisa tibia y una dulzura que regala roció color
ámbar, al andar
He renacido para soñar y vivir en mi nube de fantasía donde armo los
más hermosos ramos de obsequios a mis afectos, esos que me
sostuvieron cuando me estaba cayendo.
Oigo un piano que con sus notas, me llama, bella dona, ven aquí y
solo giro hasta marearme porque soy muy feliz ya que veo todo con la
luz del futuro, el mismo que ayer se mostraba negro y sombrío.
Recojo mi vestido por arriba de mis rodillas y luzco mis esbeltas
piernas a la par que bailo con la gracia de una patinadora en un
marco de hielo.
Caigo de bruces al helado suelo y vía una plegaria, agradezco a
quien corresponda por este claro en mi camino que me convierte en
una criatura replete de luciérnagas de esperanza e ilusiones, esas
que una vez perdí y hoy emergen triunfantes.
Hoy claman por mí esos que ayer no me han auxiliado pero no me
importa porque aun conservo a esos amigos, pocos pero queridos, que
me han dado una mano cuando lo he necesitado.
Nada es igual a este momento, donde la alegría confunde a la noche y
da vida al día... Más hoy dejo caer mi cuerpo en mi lecho, donde
ayer me amenazaban las malvadas tormentas del horror, porque sin
darme cuenta había caído, en el vació de una gran preocupación: Él
sentirme perdida y carente de ilusiones y fantasías.
Arrodillada en el mosaico del hall de mis secretos, levanto mis
brazos que aletean como mariposas, esbozando figuras maravillosas
con las que me deleito y ellas son ni más ni menos que mis
fantasiosos anhelos, que me hacen divisar la ruta a la felicidad, a
la plenitud y también diría hasta la eternidad.
La amarillenta luz, lastima mis ojos pero al cerrarlos me perderé
parte de esta noche mía, donde he recuperado casi todo por ser el
principal valor, la alegría.-
¡Qué placentero aroma el de la cordura ¡

Un cortado (de Emiliano Almerares) P609150

La vi en el tren, un viernes a la noche volviendo del trabajo. Nuestras miradas se encontraron por el par de segundos que ella tardó en bajar la vista y mirar su reloj. Bajó en Lisandro de la Torre; yo también. Tal vez viendo al grupo de chicos que tomaba cerveza al pie de la estación, apuró su marcha. A los pocos metros, uno de ellos empieza a caminar a su lado. Esperé un poco y cuando me pareció que el flaco se ponía molesto, apuré el paso y le tomé la mano. Ella estaba temblando. Me miró asustada. Pero le debo haber parecido menos peligroso que el acosador, porque ni siquiera atinó a soltarse.

-Disculpa vieja, no sabía que estaba con vos –me dijo el pelilargo.

-Todo bien –le dije mirándolo reciamente o al menos, intentándolo.

-No te asustes –le dije al oído notando que su mano temblaba cada vez más-. Ni bien se vaya te suelto.

Y así lo hice. Llegando a Libertador, cumplí con mi palabra.

-Muchas gracias, la verdad que me salvaste. Te debo una –me dijo mientras esperábamos el semáforo.

Aunque no la había ayudado con esa intención, mi instinto masculino no me permitió entender que su frase no era más que una formalidad y le dije:

-Bueno, si me debés una, me gustaría que algún día de estos tomáramos un café.

-Disculpa, tengo novio –dijo sin rodeos.

Supuse que no debía insistir y no lo hice.

-Me lo imaginaba –dije y de mala gana guardé mi instinto varonil-. ¿Seguís por está?

-No. Doblo acá. Gracias de nuevo.

Se despidió dándome un beso en la mejilla.

Aunque seguí tomando el mismo tren a la misma hora, recién volví a encontrarla dos años más tarde. Estaba trabajando en un stand de la feria del libro.

-Hola. ¿Te puedo comentar la nueva promoción dos por uno?

-¡Hola! ¿Cómo andás? Tanto tiempo –le dije, tal vez desubicadamente eufórico.

-Bien –me respondió secamente-. ¿Nos conocemos?

-Bueno, tanto como conocernos no, pero un par de años atrás, te salvé de un acosador en la estación Lisandro de la Torre.

-Ah. Sí. Disculpame. Pero estás re distinto. No te había conocido.

-Sí, me afeité la barba.

-Ah, con razón. ¿Cómo andás? ¡Qué susto ese día! Debo haber estado dos horas fácil sin dejar de temblar. Con decirte que no volví a tomar el tren. Desde aquel día, prefiero tomar el subte. Me deja más lejos, pero es más seguro.

-A mí no te creas que me fue tan bien. Tu pretendiente estuvo como un mes mirándome con cara de "si no estuviera tan borracho te fajaba, así se te pasaban las ganas de hacerte el héroe".

-Uy, pobre. ¿Qué hacés por acá?

-Vengo a la charla de Dolina.

-Ah, que bueno.

-Bueno, no te entretengo más que estás trabajando. Un gusto verte. Nos vemos –le dije y me aguanté las ganas de volver a invitarla a salir.

-Igualmente. Nos vemos.

A los dos segundos, cuando yo ya había girado para irme, dijo: "Che, yo te debía un café ¿no?".

-Sí. No me animaba a recordártelo Sobretodo, porque estamos a fin de mes. Pero si querés, me encantaría.

-Sí, dale. Para un café, tengo.

Al otro día, la pasé a buscar por la feria y fuimos a tomar algo al Hard Rock. Me contó, entre otras cosas, que se llamaba Jorgelina, que tenía 23 años, que estaba cursando el tercer año de psicología, que vivía sola desde hacía seis meses y, lo que más me interesó, que, después de cuatro años, se había peleado con el novio. No fue gran cosa el encuentro. Odio las primeras citas. Uno se esfuerza por decir algo interesante y termina diciendo pavadas de chico de 15. ¿Por qué nos costará tanto mostrarnos como somos? Descontando los innumerables silencios que se producían, los cuales, para suerte de los dos, eran llenados por una banda que hacía covers de Pink Floyd, nuestra charla habrá durado unos 35 minutos. Pero por ser nuestra primera salida... demasiado. A pesar de que yo insistí en pagar la cuenta, no me lo permitió.

-De ninguna manera. Te lo debía.

Cuando nos despedíamos, le pedí volver a vernos. Accedió a que el lunes la pasara a buscar nuevamente por la feria. En el momento que se fue, empecé a sentir una alegría muy grande. No sé como describirla, pero era una sensación de bienestar enorme que nacía en el pecho y pasaba por todo el cuerpo. Volví caminando a casa, aunque vivo a cuarenta cuadras del Hard Rock. Ya en mi habitación, el sueño me vencía, pero no quería acostarme. Tenía miedo que al despertarme al otro día, ese estado que se había adueñado de mi y me hacía sentir tan poderoso, se hubiera ido. Por suerte, a pesar de que dormí profunda y tranquilamente, como hacía rato que no lo hacía, desperté pensando en ella, sintiéndome tan feliz como antes de dormirme.

No pude dejar de pensar en Jorgelina durante todo el fin de semana. Las letras que formaban su nombre daban vueltas sin cesar en mi mente como si fueran las únicas del alfabeto y no hubiera otra manera de combinarlas. Su bello rostro se había instalado en mis pupilas como una especie de filtro que me hacía verla donde quiera que mirara. Imaginaba como sería nuestra nueva cita. Buscaba lugares adonde llevarla. Pensaba temas de conversación que hicieran nuestros intercambios más fluidos. Hasta gasté la plata que estaba ahorrando para comprar una guitarra, en un jean y una camisa nueva. Me daba cuenta de que no tenía muchos fundamentos para haberme obsesionado de esa forma por ella, pero cuando uno tiene la desgracia de caer en las malditas garras de la soledad, no te puede mirar una mujer por más de cinco segundos a los ojos que ya crees que estás enamorado. Y si encima acompaña esa mirada con una sonrisa... Para qué. Ya la imaginás vestida de blanco.

El lunes, con el corazón acelerado, me presenté a la hora acordada. Según el cartel, la feria había terminado el domingo. Me apoyé en una pared y me dispuse a esperarla. A los 15 minutos, empecé a desesperarme. Le pregunté a un franelita si no había visto una chica rubia de pelo lacio. Negó con la cabeza sin siquiera mirarme. Luego, me dirigí hacia la otra puerta de acceso a la feria. Pasados otros 15 minutos y viendo que no venía, volví a la entrada principal. "Cómo no le pedí el teléfono o el mail. ¡Qué tarado!", pensaba. Nuevamente me acerqué hacia donde se encontraba el cuidacoches. Le pregunté si no había llegado en mi ausencia, a lo que respondió con su acostumbrada amabilidad: "Dejamé de romper las pelotas que estoy trabajando". La esperé unos 20 minutos más. Finalmente, resignado, empecé la retirada, mirando de vez en cuando para atrás. Me torturaba pensando cómo había podido embalarme tanto. Al fin y al cabo, sólo habíamos salido una vez. Pero así son los sentimientos, no hay nada que hacerle, aparecen sin pedir permiso y cuando uno quiere que se vayan, no hay manera. Ahora, cuando uno quiere que se queden, te despertás una mañana y ya no están. "En una de esas, tuvo algún imprevisto", pensé en un último intento por mantener viva la ilusión. El problema era que no sabía como encontrarla. Ni siquiera conocía su apellido para intentar buscarla en la guía. Tampoco su dirección. Lo único que sabía era que vivía cerca de la estación Lisandro de la Torre, pero eso no me decía mucho. Durante varios días, al caminar por el barrio, no hacía más que buscarla con la mirada. Pero no había caso, parecía que se la hubiera tragado la tierra. Un día me cayó la ficha y recordé que estudiaba psicología. Pasé una semana entera yendo a la UBA. En mi quinta y última visita a la facultad, cuando ya me estaba dando por vencido, la veo que viene con paso firme en sentido contrario al mío.

-Jorgelina –le digo sin poder disimular la alegría que me provocaba verla y adelantando la cara para recibir un beso.

-Hola, disculpame pero estoy apurada. Tengo un parcial –dijo sin siquiera mirarme y sin interrumpir la marcha.

Me quedé parado siguiéndola con la mirada. En un primer momento, pensé en seguirla, en pedirle que al menos devolviera la ilusión que me había robado. Pero no quise agregarle más dramatismo a una situación que ya era por demás patética. Traté de encontrar a quien echarle la culpa por mi mala suerte, por mi estúpida ingenuidad. No pude encontrar a nadie y de poco hubiera servido. Me dieron ganas de llorar, de gritar, pero aguanté. Salí a la calle y empecé a correr, sin rumbo, como un loco. No me pregunten porque. Sin darme cuenta, aparecí en la puerta del Hard Rock. Miré para dentro, vi la mesa en que habíamos estado sentados. Una pareja se besaba. De repente, todo se aclaró. La angustia que sentía, lamentablemente, no desapareció. Pero por lo menos, comprendí lo que había pasado. No tenía nada que reprocharle. Me debía un café. Y ya lo habíamos tomado.

miércoles, diciembre 06, 2006

Yo quisiera una sombra... (de Conrado Nalé Roxlo) T 3

TAMBIÉN (T)
Sección especial para la publicación de obras de autores clásicos, de revistas o libros recibidos en intercambio por Revista Literaria Nuevas Letras desde 1981, de otros grupos literarios, de integrantes del taller literario Nuevas Letras y de los lectores en general.
LUIS ALBERO BATTAGLIA


Yo quisiera una sombra que no fuera la mía,
la de una antigua espada, la de un fino cristal,
la del pájaro en vuelo o la nube borrosa.
Una sombra, otra sombra, para verla pasar.

Otra voz que no fuera esta voz que traduce
hace más de treinta años el rumor de mi mar,
una voz de campanas o de ríos llorosos...
Otra voz de otro acento para oírla cantar.

Yo quisiera los sueños que no soñaré nunca,
la angustia que mi alma no sentirá jamás,
el terror de las fieras en al selva sombría,
la alegría radiosa de la alondra solar.

De ese desconocido que ha cruzado la plaza
los recuerdos más tristes quisiera recordar.
Llenarme de otras vidas, otra luz, otras muertes...
¡No ser este hombre solo frente a la eternidad!

Todo muy lindo pero la gorda sigue encajada (de Emiliano Almerares) P609150

Para aquellos que no lo recuerden o se hayan perdido la primera parte, nuestra querida Edelmira, se encontraba atascada en la ducha de un gimnasio junto con otra señora que, al estar Edlmira tapando involuntariamente la salida, no podía egresar de las instalaciones. Un experto en destrabaciones había intentado extraerla pero habiendo fracasado en una primera tentativa, había prometido volver mejor preparado para la operación. Veamos como sigue.

-¿Falta mucho, Juanca? No aguanto más. Te lo juro que no aguanto más.
-Sí. Por el amor de Dios. Esto es una pesadilla. Una cargada. Diganmé dónde está la cámara, por favor.
-Ma qué cámara. A la cámara argentina de cirujanos vas a tener que ir vos cuando te agarre, desgraciada.
-Ah bueno. Lo único que faltaba. Encima te enojás conmigo.
-Sí. Cerrá el pico que no te banco más. Y no me olvido las patadas que me encajaste.
-Calmense chicas. Ahí viene el Licenciado.
-¡Por fin, querido! Mirá como estoy. Hecha una pasa de uva. Porque esta hija de puta dice que no puede cerrar la canilla. Pa’ mi que me lo hace a propósito.
-Discúlpeme señorita Edelmira, pero no fue fácil reunir a todo el equipo. Le presento al técnico José Aristegui, al ingeniero Ricardo Alberto Meninges, al picapedrero Hugo Batista, y por las dudas, Dios no lo permita, al sacerdote Monseñor Arturo Del Campo.
-Ah, bueno, me quedo más tranquila.
-Tranquila hija. Cada uno de nosotros cree fehacientemente que saldrás de esta situación en que te encuentras sin tener que lamentar grandes perdidas. Pero, tenés que ser conciente de que nuestro paso por esta vida es efímero y que al abandonar este mundo viene lo mejor. No hay que temerle a la muerte. La muerte no existe. Es sólo una ilusión. Tu alma seguirá viva eternamente. Sólo se pierde el cuerpo material.
-Sí. Y en su caso no se pierde tanto.
-Callate yegua. Perdón padre. Callate esposa del caballo. Todo lo que quiera, pero por ahora, prefiero quedarme acá. Dejemé comerme unos pollitos más. Porque la eternidad es un montón de años y me va a agarrar hambre.
-Bueno, monseñor. Ahora le voy a pedir que se corra un poco para poder trabajar con tranquilidad. Vaya a tomarse un Gatorade, después yo paso a pagar. Cualquier cosa le aviso.
-Como no hijo. Ojalá que haya de frutas tropicales. Es mi favorito.
-Juan Carlos, ¿usted es impresionable?
-Nooo, que mierda voy a ser impresionable. Si no, fijesé la novia que tengo.
-Si serás maldito Juanca, eh.
-Es un chiste gorda. Sabés como te quiero...
-OK. Muchachos. Procedamos. Licenciado, por favor, vaya afuera a preparar todo.
-Como no, ingeniero.
-Estacionado en la puerta, se encuentra el trailer que contiene al Universal Destrabation Kit System. En primer lugar, le colocaremos este arnés donde engancha el guinche. No es que a usted no le sobren lugares donde engancharlo, pero sería muy doloroso. Ya sufrió suficiente por hoy. A continuación, activaremos el Kit, que posee un motor de gran potencia. Para que se de una idea, fue utilizado en el cohete "Ialmostreachedthem oon", desconocido popularmente debido al fracaso de la operación.
-‘ta bien. Total yo no pretendo ir al espacio, me conformo con que me deje en la puerte de un ma donal.
-Proceda Batista.
-OK. Permiso señora, le voy a colocar el arnés. Abra las piernas por favor.
-No te hagás ilusiones gorda.
-Seguí, seguí nomás. Que algún día me van a sacar de acá. Y ahí te quiero ver. Ya estoy saboreando la venganza.
-Bueno, señorita. No gaste energías, que las va a necesitar. A ver. Pase una pierna por acá. Muy bien. Ahora, la otra. Perfecto. Listo ingeniero.
-Muy bien. Cuando yo diga "ya", va a hacer fuerza para este lado. Trate de no alborotar mucho los intestinos.
-Sí, por el amor de Dios. Lo único que me falta es que se me cague la gorda encima.
-Mejor ni te contesto, guacha de mierda.
-Calma señoras, por favor. Al mismo tiempo, yo voy a pulsar este botón, lo que activará el mecanismo que, si todo sale bien, la extraerá de la ducha. Ok. Todos a sus puestos. Licenciado, ¿me copia?. Cambio.
-Sí, lo copio ingeniero. Cambio.
-¿Todo listo ahí afuera? Cambio.
-Todo listo. Cambio.
-Ok. Procedemos a la cuenta de tres. Cambio.
-Ok. Cambio.
-¿Preparada Edelmira?
-Sí, pero apuresen, porque esta cosa que me puso me va paspar las partes.
-Ok. Ahí vamos. A la una... a las dos... y a las tres...YAAA.
-Ay, Dios me libre mi guarde. Paren esta máquina. Por favor. Parenlá.
-Chau gorda.
-Uy, miren que rápido va ese globo aerostático.
-Sí, y que bajito.
-Ahí aterrizó. Vamos a ver que debe ser una promoción. Seguro que regalan algo.
-No. ¡Miren! ¡Es una mujer!
-¡Sí! ¡Y está en bolas!
-Tapesé, gorda degenerada.
-Sí, tiene razón la señora. Como si fuera tan bonita para andar mostrando las carnes.
-Sin vergüenza.
-Atorranta.
-Llamen a la policía.
-JUANCA, JUANCA. Veni purate. ¿No ves que estoy desnuda en el medio de la calle?
-Y bueno. ¿Qué querés? Da gracias que hace calor.
-Sí, tenés razón. Qué suerte ¿no?