Ahora que no estás;
como quien acomoda ropa recién lavada
trato de acomodar recuerdos
mientras doblo y desdoblo
una a una las memorias
con temblorosas manos
y estiro los pliegues cuidadosamente
antes de llevar a la gaveta
lo que aún perdura de tu piel
en cada prenda.
Si fuera así de fácil padre
guardaría uno a uno los instantes
y sellaría las rendijas
para no dejar entrar el dolor
de todas las ausencias.
Un dios malvado
ha lanzado una bala
después de atravesar el tiempo
de tu infancia a mi adultez
ha dado en mi sien
haciéndome pedazos
dejando sin carbón ni fuego
el mundo ciegamente.
Que extraña fuerza me condena
a la pérdida por partida doble
en este juego que nunca aprendí a cargar.
Con este pesar indomable
que aún no acomodo en la espalda
mientras mi madre llora
en su sepulcro intacta
la parca se ha presentado fríamente
para devolverme el cuerpo vacío
sin alma de tu sombra paterna.
He intentado acariciar tu rostro
volverte con mi hálito hasta desfallecer
y asir de igual manera
el alma de mi madre,
perdida en otro tiempo,
saliendo por su boca,
todavía fresca
dando vueltas en la búsqueda del cuarto donde incendiados y felices
con la rebeldía de entonces
me hubieron de engendrar.
Mientras existen amenazas
de lluvia y estallidos desde lejos.
En silencioso duelo, deambulo
Padre:
amputada
apaleada
huérfana.