-Decime, Juan, ¿qué es para vos la modernidad?
-La modernidad, Luis. Es como trenes que pasan. Muchos luchan por subir, otros se quedan en el andén. De repente, nos convencen de que la felicidad está en los trenes, no en los andenes, y los andenes se quedan tristes y los trenes son la felicidad. En los andenes están los que todavía no pudieron subirse a los trenes; pero están también los que no quieren subirse, los enamorados de los andenes. Cada tanto les explican a los enamorados de los andenes, que tienen que subirse a algún tren.
-Jorge ¿Querías decir algo?
-Sí, Luis. Quería preguntarle a Juan a dónde van los trenes.
-Nadie lo sabe.
-Y ¿cómo saben que es mejor subir?
-Tampoco se sabe, es sólo una cuestión de fe. Desde los andenes, preparan quejas, movilizaciones, por el peligro de subirse al tren. Pero son personas atrasadas, que atrasan el progreso.
-Pero desde los trenes, miran con nostalgia cada vez que pasan un nuevo andén, y algunos quieren bajarse del tren, y les dicen que no se puede, pero los más valientes igual bajan, y dicen "se podía" y son recibidos como héroes por los amantes de los andenes. Los que aspiran subir al tren pero no se animan, no pueden o no los dejan. De modo que conviven en los andenes los que no pueden y los que no quieren subirse al tren.
-A ver, amigos. Natalia quiere decirnos algo. Adelante Natalia.
- Nada. Que yo estaba en el tren y me bajé, porque en los trenes son aburridos, son serios, nunca se ríen, están siempre haciendo cálculos. Me dijeron que no pero ni ahí, me bajé igual. Y al bajar me abrazaron y me dijeron "bienvenida Natalia", conocían mi nombre, me gusta que me abracen.
En definitiva, y en tren de pensar, ¿Qué me decís, lector?
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