[paginantes] TEN EN CUENTA QUE NO SALDREMOS DE ESTA
DE:Alexander Vórtice lunes, 6 de febrero de 2012 14:23
"TEN EN CUENTA QUE NO SALDREMOS DE ESTA"
Primero fue algo triste
y enseguida supimos que lo triste también
vale la pena ser vivido.
...
No muestres tus cartas y tus enojos
a las luminarias con acento argentino;
intenta ser lo que quieres ser
y luego, si el sol está de acuerdo contigo,
dile a la Dama Muerte que todavía quedan días
por vivir.
Ten en cuenta que no saldremos de ésta:
Tú morirás y yo te veré pasados dos meses
entre nubes blancas, calaveras de colores
y difuntos que discuten sin tapujos sobre
el dolor de estar completamente vivo
y consciente;
superaremos los obstáculos del más allá
con borracheras de licor de muérdago,
saborearemos los huesos de los que aún viven,
y nos lamentaremos por las esquinas
de cualquier casa en ruinas.
Será bello, divertido, ambicioso…
Vivir como un muerto y no morir en el intento.
Alexander Vórtice
www.lacoctelera.com/alexandervortice
http://www.opinionvortice.blogspot.com/
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lunes, febrero 06, 2012
martes, julio 05, 2011
Pienso, luego estorbo (Alexander Vórtice) 4-7-2011
lunes, 4 de julio, 2011 18:08:27[paginantes] PIENSO, LUEGO ESTORBO
De: Jesús Rodríguez
PIENSO, LUEGO ESTORBO
Seguramente perder no es una opción, como siempre o como nunca, y saber que hay un por qué detrás de cada puñetazo, y un cuándo para que se resuelva todo esto que hoy semeja no poseer sentido y solución.
Quizás en otro lugar, en otro paraíso reservado para los adoradores del sacrificio humano, para las personas que lo dieron todo o casi todo para que el mundo fuese un poquito mejor, se esconda el verdadero significado de la palabra “legalidad”. Un café solo, con hielo, y el gusto de volver a ser el que era ayer estas mismas horas, sin que me tengan que imponer normas absurdas “los otros”. Distraerme y sentirme bien con una amistad verdadera, o un amor lejano que revolotea insistentemente por los recovecos de esta habitación que amamanta versos turbulentos. Dejar de lado la ignorancia que me vende el Capitalismo Tiburón, o las filosofías que exclusivamente insisten en dirigir nuestras vidas hacia lo de siempre, hacia lo que está “correctamente” marcado.
Tal vez suceda que siempre soy un ser extraño que habita entre tus cejas, ya que tú imaginas que las personas no cambian, no pueden llegar a ser de otra manera. Pero la apariencia suele ser insincera, y los días del hombre se muestran tan leves y cortos como una migaja de pan en medio del banquete de los buitres. Realmente todos somos egos carcomidos por la soberbia de los demás egos; mas hoy, cansado de prohibiciones y estulticias, me digo a mí mismo: “Pienso, luego estorbo”. Una idea revolucionaria e hiriente apta para sobrevivir a los tiempos presentes: horas y minutos marcados por la zarpa de lo políticamente correcto, cuando lo políticamente correcto ha demostrado ser una senda de hipocresía, desazón y desaliento.
Esto es…, posiblemente la vida no valga tanto la pena si siempre nos conferimos navajazos de padecimiento inquebrantable, insultos de heridas penetrantes, como si no perteneciésemos a una misma raza, a un mismo dogma humano. Tú dirás qué diablos significa “todo” cuando lo que nos promete el porvenir es nada de nada si no cambiamos nuestras actitudes sanguinarias y nos comportamos como seres más o menos compasivos.
Alexander Vórtice
www.opinionvortice.blospot.com
De: Jesús Rodríguez
PIENSO, LUEGO ESTORBO
Seguramente perder no es una opción, como siempre o como nunca, y saber que hay un por qué detrás de cada puñetazo, y un cuándo para que se resuelva todo esto que hoy semeja no poseer sentido y solución.
Quizás en otro lugar, en otro paraíso reservado para los adoradores del sacrificio humano, para las personas que lo dieron todo o casi todo para que el mundo fuese un poquito mejor, se esconda el verdadero significado de la palabra “legalidad”. Un café solo, con hielo, y el gusto de volver a ser el que era ayer estas mismas horas, sin que me tengan que imponer normas absurdas “los otros”. Distraerme y sentirme bien con una amistad verdadera, o un amor lejano que revolotea insistentemente por los recovecos de esta habitación que amamanta versos turbulentos. Dejar de lado la ignorancia que me vende el Capitalismo Tiburón, o las filosofías que exclusivamente insisten en dirigir nuestras vidas hacia lo de siempre, hacia lo que está “correctamente” marcado.
Tal vez suceda que siempre soy un ser extraño que habita entre tus cejas, ya que tú imaginas que las personas no cambian, no pueden llegar a ser de otra manera. Pero la apariencia suele ser insincera, y los días del hombre se muestran tan leves y cortos como una migaja de pan en medio del banquete de los buitres. Realmente todos somos egos carcomidos por la soberbia de los demás egos; mas hoy, cansado de prohibiciones y estulticias, me digo a mí mismo: “Pienso, luego estorbo”. Una idea revolucionaria e hiriente apta para sobrevivir a los tiempos presentes: horas y minutos marcados por la zarpa de lo políticamente correcto, cuando lo políticamente correcto ha demostrado ser una senda de hipocresía, desazón y desaliento.
Esto es…, posiblemente la vida no valga tanto la pena si siempre nos conferimos navajazos de padecimiento inquebrantable, insultos de heridas penetrantes, como si no perteneciésemos a una misma raza, a un mismo dogma humano. Tú dirás qué diablos significa “todo” cuando lo que nos promete el porvenir es nada de nada si no cambiamos nuestras actitudes sanguinarias y nos comportamos como seres más o menos compasivos.
Alexander Vórtice
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martes, mayo 03, 2011
Unicornios (Alexader Vórtice) 2-5-2011
lunes, 2 de mayo, 2011 17:41:34 [paginantes] UNICORNIOS
De: Jesús Rodríguez
UNICORNIOS
Ensalzo amaneceres
cuando la serpiente asimila
el linaje de los ingenuos.
Sería bueno capturar unicornios
y devolverle la vida al sonido
que perdió la paz estando en manos
de la mortífera guerra.
Estaría bien idealizar cuerpos ávidos
de karma visual,
y arrastrarse entre las brumas de la insensatez,
allí donde habita la negrura
de lo ajeno.
Alexander Vórtice www.lacoctelera.com/alexandervortice *2011
De: Jesús Rodríguez
UNICORNIOS
Ensalzo amaneceres
cuando la serpiente asimila
el linaje de los ingenuos.
Sería bueno capturar unicornios
y devolverle la vida al sonido
que perdió la paz estando en manos
de la mortífera guerra.
Estaría bien idealizar cuerpos ávidos
de karma visual,
y arrastrarse entre las brumas de la insensatez,
allí donde habita la negrura
de lo ajeno.
Alexander Vórtice www.lacoctelera.com/alexandervortice *2011
miércoles, enero 26, 2011
Licores extemporáneos (Alexander Vórtice) 25-1-2011
martes, 25 de enero, 2011 22:36:03 [paginantes] LICORES EXPONTÁNEOS
De: Jesús Rodríguez
LICORES EXPONTÁNEOS
Los zapatos se desgastaron en Berlín
y los párpados se sintieron débiles al saber
que hay caminos bajo el asfalto,
vías diseñadas por las manos toscas
de los elfos sin prestigio humano.
No descuelgues el teléfono
cuando veas mis fotos
recorriendo las callejuelas de Dublín;
no me beses si el amor se va,
o ya se fue, al fin…
Calcina mi ambiente rebuscado
y consérvate firme cuando la milicia
desgarre mi verso inconcluso.
Visita el lugar de donde huyes,
atúrdeme con tus malestares
de mujer incapaz de considerar
las ciudades en las que jamás he estado,
urbes con sabor a sombrero escéptico
y licores extemporáneos.
Alexander Vórtice
www.lacoctelera.com/alexandervortice
De: Jesús Rodríguez
LICORES EXPONTÁNEOS
Los zapatos se desgastaron en Berlín
y los párpados se sintieron débiles al saber
que hay caminos bajo el asfalto,
vías diseñadas por las manos toscas
de los elfos sin prestigio humano.
No descuelgues el teléfono
cuando veas mis fotos
recorriendo las callejuelas de Dublín;
no me beses si el amor se va,
o ya se fue, al fin…
Calcina mi ambiente rebuscado
y consérvate firme cuando la milicia
desgarre mi verso inconcluso.
Visita el lugar de donde huyes,
atúrdeme con tus malestares
de mujer incapaz de considerar
las ciudades en las que jamás he estado,
urbes con sabor a sombrero escéptico
y licores extemporáneos.
Alexander Vórtice
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miércoles, diciembre 22, 2010
Sucede en navidad (Alexander Vórtice) 21-12-2010
martes, 21 de diciembre, 2010 6:52:27 [paginantes] "SUCEDE EN NAVIDAD"
De: Jesús Rodríguez
"SUCEDE EN NAVIDAD"
21/12/2010 - Alexander Vórtice
Luces a mi alrededor: todo indica que algo resplandeciente se aproxima de manera inexcusable. Ojalá siempre fuese Navidad, una época algo alicaída a día de hoy, pero que desde siempre ha luchado por un vaso más contundente de luz y papeles coloreados por las manos de la esperanza. Período en que los seres refulgentes, repletos de indulgencia, esparcen cortesía de corazones sinceros, aguacero de estrellas en medio de la urbe ennegrecida, luces que los niños más que nadie disfrutan porque son niños, porque nunca más volverán a serlo y eso duele. Esto sucede en Navidad. Sólo en Navidad visitamos el centro vital de nuestro organismo disminuido por la capitulación, e intentamos darle más vigor a todo lo vivido, a todo lo que vamos a vivir, intentamos llenarnos de virtudes que en su momento fueron fundidas por el calor abrasador que desprende los corazones de cientos de querubines deseosos de que la paz reine en el planeta Tierra. Tal y como dijo el trigésimo Presidente de los Estados Unidos, John Calvin Coolidge: “La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de Navidad”. Con eso deberíamos quedarnos ante todo: La Navidad es un estado mental, una manera sublime de afrontar las circunstancias que nos rodean, de agarrar el manotazo social y transformarlo en una dulce caricia salida de la magnificencia y el bien común. Regresar por un instante a la infancia supone ganar minutos de vida adulta. Porque, considero, para salir de las circunstancias oscuras en las que vivimos deberíamos volver a “masticar” la filosofía cristiana; llevar a la práctica la anárquica filosofía del amor por uno mismo que después se muestra como amor hacia nuestros semejantes. El Cristianismo, que en definitiva es lo que en esta época estamos celebrando aunque algunos nos importunen aseverando que es tiempo de compras y materialismo bárbaro, debiera ser una fórmula para que la sociedad de constante consumo en la que coexistimos se convirtiera en una sociedad de paz, condescendencia, misericordia y bien. El nacimiento de Jesús no es una compra bien hecha, no es sólo un árbol cabalmente peripuesto, no supone derrochar lo indecible en un galán vestido para ovacionar en un brindis al nuevo año. El nacimiento de Jesús supone tender la mano para ayudar a los más necesitados, que también es ayudarnos a nosotros mismos. Navidad es tiempo de catarsis, de espiritualidad. Por tanto, les deseo a todos ustedes una feliz Navidad, y también deseo que el espíritu navideño inunde con su fuerza de clemencia nuestros, hoy más que nunca, lóbregos y abatidos corazones. Laus Deo.
www.opinionvortice.blogspot.com
De: Jesús Rodríguez
"SUCEDE EN NAVIDAD"
21/12/2010 - Alexander Vórtice
Luces a mi alrededor: todo indica que algo resplandeciente se aproxima de manera inexcusable. Ojalá siempre fuese Navidad, una época algo alicaída a día de hoy, pero que desde siempre ha luchado por un vaso más contundente de luz y papeles coloreados por las manos de la esperanza. Período en que los seres refulgentes, repletos de indulgencia, esparcen cortesía de corazones sinceros, aguacero de estrellas en medio de la urbe ennegrecida, luces que los niños más que nadie disfrutan porque son niños, porque nunca más volverán a serlo y eso duele. Esto sucede en Navidad. Sólo en Navidad visitamos el centro vital de nuestro organismo disminuido por la capitulación, e intentamos darle más vigor a todo lo vivido, a todo lo que vamos a vivir, intentamos llenarnos de virtudes que en su momento fueron fundidas por el calor abrasador que desprende los corazones de cientos de querubines deseosos de que la paz reine en el planeta Tierra. Tal y como dijo el trigésimo Presidente de los Estados Unidos, John Calvin Coolidge: “La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de Navidad”. Con eso deberíamos quedarnos ante todo: La Navidad es un estado mental, una manera sublime de afrontar las circunstancias que nos rodean, de agarrar el manotazo social y transformarlo en una dulce caricia salida de la magnificencia y el bien común. Regresar por un instante a la infancia supone ganar minutos de vida adulta. Porque, considero, para salir de las circunstancias oscuras en las que vivimos deberíamos volver a “masticar” la filosofía cristiana; llevar a la práctica la anárquica filosofía del amor por uno mismo que después se muestra como amor hacia nuestros semejantes. El Cristianismo, que en definitiva es lo que en esta época estamos celebrando aunque algunos nos importunen aseverando que es tiempo de compras y materialismo bárbaro, debiera ser una fórmula para que la sociedad de constante consumo en la que coexistimos se convirtiera en una sociedad de paz, condescendencia, misericordia y bien. El nacimiento de Jesús no es una compra bien hecha, no es sólo un árbol cabalmente peripuesto, no supone derrochar lo indecible en un galán vestido para ovacionar en un brindis al nuevo año. El nacimiento de Jesús supone tender la mano para ayudar a los más necesitados, que también es ayudarnos a nosotros mismos. Navidad es tiempo de catarsis, de espiritualidad. Por tanto, les deseo a todos ustedes una feliz Navidad, y también deseo que el espíritu navideño inunde con su fuerza de clemencia nuestros, hoy más que nunca, lóbregos y abatidos corazones. Laus Deo.
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sábado, noviembre 13, 2010
Amigos para siempre (Alexander Vórtice) 10-11-2010
miércoles, 10 de noviembre, 2010 11:44:22[paginantes] AMIGOS PARA SIEMPRE
De: Jesús Rodríguez
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AMIGOS PARA SIEMPRE
Ahora, en estos tiempos de sal, limón, huelga general y nitroglicerina en vena, tener un amigo es como tener una nube de terciopelo que sirve de consuelo en las caídas del día a día. Van pasando los años como pájaros sin melodía pero con mucha melancolía, y sé que tuve amigos, y “tuve” está situado en el pasado, porque lo fueron y ya no los son, gracias a Dios, a la experiencia y a los cachiporrazos. Porque si algo aprendes cuando padeces una crisis moral y económica (desaceleración acelerada en plena caída), es a abrir los ojos y ver las cosas cómo realmente son. Unos se apartan; la mayoría te roba la esencia y la conciencia, te pone zancadillas, se plantan frente a ti y, aunque fueron amigos del alma mía (dame un bolero y te daré la vida), ahora son zorras vestidas con túnicas de fingimiento y quejas inquebrantables. Es lo bueno de vivir en un aprieto generalizado: que más tarde que temprano se muestra el verdadero ser de cada uno, y en cuanto se muestra, punza. Yo nunca he sido de los que negaba un apretón de manos, no negué tampoco el saber de mis cosas, de mi vida y forma de ser. En aquellos años eran incalculables las personas que se me arrimaban para pedir “cita” en la consulta de la amistad. Creo no haber negado jamás un buen apretón de manos, pero con los años y el carácter, vas poniendo a cada uno en su sitio (la vida también te ayuda en esta tarea) y ellos también te ponen a ti, dejándote o no en el lugar adecuado. Es ley de vida… Si no se demuestra con actos benévolos, con afrentas que acaban en un apretón de manos, o en un “cómo estás” de vez en cuando, no es amistad, es, tal vez, un “colegueo” desarrollado hacia “el enrarecimiento existencial”, algo que se romperá pasados los años, la vitalidad del sentirse joven y fuerte. Lo aclara con sapiencia Mateo Alemán cuando dice: “Débense buscar los amigos como se buscan los buenos libros. Que no está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; antes en que sean pocos, buenos y bien conocidos”. Y también lo hace el gran William Shakespeare, cuando nos dice desde la serenidad del que sabe y lo acredita con habilidad: “Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba / engánchalos a tu alma con ganchos de acero”. Por tanto, hoy les invito, amigos lectores, a poner a prueba sus amistades, a mirar en el interior, y ver si realmente somos buenos amigos, si deseamos tener buenas amistades, o simplemente anhelamos pasar por la vida teniendo a nuestro alrededor personitas que nos alaban cuando no necesitamos alabanza, que nos besan cuando no nos hace falta el beso de la muerte, que nos estrechan la mano cuando, en la otra mano, sujetan una daga de doble filo con la que, cualquier día, nos rebanarán el cuello y el alma.
Alexander Vórtice
www.lacoctelera.com/alexandervortice
www.opinionvortice.blogspot.com
De: Jesús Rodríguez
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AMIGOS PARA SIEMPRE
Ahora, en estos tiempos de sal, limón, huelga general y nitroglicerina en vena, tener un amigo es como tener una nube de terciopelo que sirve de consuelo en las caídas del día a día. Van pasando los años como pájaros sin melodía pero con mucha melancolía, y sé que tuve amigos, y “tuve” está situado en el pasado, porque lo fueron y ya no los son, gracias a Dios, a la experiencia y a los cachiporrazos. Porque si algo aprendes cuando padeces una crisis moral y económica (desaceleración acelerada en plena caída), es a abrir los ojos y ver las cosas cómo realmente son. Unos se apartan; la mayoría te roba la esencia y la conciencia, te pone zancadillas, se plantan frente a ti y, aunque fueron amigos del alma mía (dame un bolero y te daré la vida), ahora son zorras vestidas con túnicas de fingimiento y quejas inquebrantables. Es lo bueno de vivir en un aprieto generalizado: que más tarde que temprano se muestra el verdadero ser de cada uno, y en cuanto se muestra, punza. Yo nunca he sido de los que negaba un apretón de manos, no negué tampoco el saber de mis cosas, de mi vida y forma de ser. En aquellos años eran incalculables las personas que se me arrimaban para pedir “cita” en la consulta de la amistad. Creo no haber negado jamás un buen apretón de manos, pero con los años y el carácter, vas poniendo a cada uno en su sitio (la vida también te ayuda en esta tarea) y ellos también te ponen a ti, dejándote o no en el lugar adecuado. Es ley de vida… Si no se demuestra con actos benévolos, con afrentas que acaban en un apretón de manos, o en un “cómo estás” de vez en cuando, no es amistad, es, tal vez, un “colegueo” desarrollado hacia “el enrarecimiento existencial”, algo que se romperá pasados los años, la vitalidad del sentirse joven y fuerte. Lo aclara con sapiencia Mateo Alemán cuando dice: “Débense buscar los amigos como se buscan los buenos libros. Que no está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; antes en que sean pocos, buenos y bien conocidos”. Y también lo hace el gran William Shakespeare, cuando nos dice desde la serenidad del que sabe y lo acredita con habilidad: “Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba / engánchalos a tu alma con ganchos de acero”. Por tanto, hoy les invito, amigos lectores, a poner a prueba sus amistades, a mirar en el interior, y ver si realmente somos buenos amigos, si deseamos tener buenas amistades, o simplemente anhelamos pasar por la vida teniendo a nuestro alrededor personitas que nos alaban cuando no necesitamos alabanza, que nos besan cuando no nos hace falta el beso de la muerte, que nos estrechan la mano cuando, en la otra mano, sujetan una daga de doble filo con la que, cualquier día, nos rebanarán el cuello y el alma.
Alexander Vórtice
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martes, agosto 10, 2010
[paginantes] DULCE JANE (relato basado en hechos reales) martes, 10 de agosto de 2010, 21:22 De: "Jesús Rodríguez"
DULCE JANE
Jane era la prostituta más asequible y la más escultural de toda la ciudad. Su vida había sido en ocasiones un asunto de honor, y su alegría dependía sobre todo de una cama con sábanas limpias y un cigarrillo que fumaba lentamente, observando el humo suicida. Ella trabajaba en el puticlub "El Constante Trajín", S.L., con todos los derechos reservados y la copa más económica a diez euros.
Jane era tan linda como los deseos de los chiquillos enamorados. Tenía menos de veinte años y toda una vida por delante. Ella había empezado por algún tipo de confusión en el mundo prohibido del sexo. Su primera relación la había tenido a los trece, en un descampado alejado de la armonía. Lo cierto es que aquello le marcó tanto que creo que desde entonces no hubo día en el que no repitiera sin saber muy bien el por qué.
Recuerdo que yo siempre la miraba con ojos soliviantados que exclamaban: "¡Dulce Jane! Algún día..." Y era en ese momento cuando ella me iluminaba y me decía si la invitaba a otra copa. Por supuesto, le decía yo, de noche duermo porque tú eres mi sueño. Y la hermosa muchacha que me obsequiaba con un beso en los labios al tiempo que me aseguraba que ella no era el sueño de nadie, pero sí el mío.
-¿Te gusta tu trabajo? -Le pregunté una noche a punto de volverme loco.
-Hay cosas peores. -Contestó sonriendo.
-¿Sabes?, me estoy volviendo loco por ti.
-Por un precio asequible ya sabes que soy plenamente tuya.
-Verás. Yo no me refiero a eso. Yo te estoy hablando del amor.
-¿Amor? Ese no es un buen asunto. Hace tiempo que yo
no creo en el amor.
-¿Has estado alguna vez enamorada?
-Sí. Una vez lo estuve de un camarero.
-¿Y qué fue lo que pasó?
-Se fue con otra.
-Lo siento.
-No lo sientas. Alguien me dijo que se casaron
y que poco después se divorciaron. Ya sabes: el amor.
Y volvió a sonreírme -perpetuamente sonriendo-, al tiempo que dejaba en la copa la huella de su pintalabios escarlata.
Aquella noche no volvimos a hablar, ni siquiera la volví a ver rondando la barra. Al parecer estaba en la habitación rosa con un viejo verde, aunque no tan verde como sus sucios billetes, como sus lujuriosas ansias de marcar el cuerpo de Jane con las brillantes babas de lo que nos aporta poco o nada sobre lo que es efusión-ternura.
-Me estoy volviendo loco por ti. -Le dije al día siguiente.
-Sólo son cinco billetes. -Dijo ella mimándome a los ojos.
-No bromees con este tipo de cosas. Me estoy volviendo loco y eso vale más que todo el dinero del mundo.
-Las mujeres como yo no nos podemos enamorar. Nosotras sólo valemos para una cosa. No podemos.
Y al escuchar esto reconozco que mil puñales se clavaron en mi corazón.
-Mañana me marcho de la ciudad. -Continué hablando.
-¿Por qué? -Preguntó ella dejando su copa sobre la barra.
-Me han ofrecido un buen trabajo en otra ciudad más pequeña y más generosa.
-¡Estupendo! ¿Y cuándo volverás?
-Jamás.
-¿Jamás?
-Sí. Estoy cansado de esta ciudad, de sus farsantes gentes, de su apestoso olor, de...
-¿Has dicho "jamás"?
-Sí, eso he dicho.
Y entonces fue cuando me obsequió con un beso de despedida.
-Te echaré de menos. Dios sabe que lo haré.
-No tienes porque echarme de menos, Jane.
-¿Por qué?
-Puedes venirte conmigo.
-No puedo, yo, tengo cosas aquí. Ya sabes... cosas.
-Sí puedes. Querer es poder.
-Es bonito lo que dices, muy bonito, pero...
-Escápate conmigo -insistí-. Una ciudad, unos amigos, una familia...
¡Ilusiones nuevas!
-No sé. Nadie me ha ofrecido esto antes.
-Quizás esto sólo pase una vez en la vida.
-Quizás.
Y se fue sin decir nada más, tras la barra, como alma que lleva el diablo del escaso entendimiento, con su mirada perdida en el suelo y las manos palpitantes, y un gesto apático en la mirada, así como si estuviese buscando en su más hondo "yo" la solución a los diversos dilemas que la atormentaban desde el inicio de su novicia vida.
Luego me fui de allí. Supuse que aquella era su forma de decir que no, y lo cierto era que yo no tenía fuerzas suficientes para insistir en mis propósitos.
Al día siguiente, y tras haberme puesto mi careta de hombre macizo que todo lo puede o todo lo debe poder, fui a la estación para coger el primer tren que me llevase lejos de aquella pestilente e inadecuada ciudad. Lloviznaba y mis maletas pesaban demasiado, siempre demasiado, como si en ellas llevase todo el lastre de mi pasado y los encarnados pedazos de mi corazón asesinado a causa de una brutal e incomprensible negación.
Pero cuando me disponía a subir a aquel tren repleto de incógnitas e inquietudes la vi a ella. He de reconocer que mis ojos temblaron un poquito al verla, al percibir su aroma de mujer perpetua. Corría hacia mí, sonriendo, como siempre, habilitando el ambiente con una sincera sonrisa, con una maleta en sus manos y una hechicera luz sobre su cabeza. Yo también sonreí, y cuando la tuve a mi lado le pregunté si había cambiado de idea. Jane dijo que sí. Me aseguró que deseaba fervorosamente ser feliz, marcharse muy lejos y vivir lo que necesitaba vivir.
También me aseguró que su amor y sus sentimientos valían mucho más que cinco sucios billetes.
Jane era la prostituta más asequible y la más escultural de toda la ciudad. Su vida había sido en ocasiones un asunto de honor, y su alegría dependía sobre todo de una cama con sábanas limpias y un cigarrillo que fumaba lentamente, observando el humo suicida. Ella trabajaba en el puticlub "El Constante Trajín", S.L., con todos los derechos reservados y la copa más económica a diez euros.
Jane era tan linda como los deseos de los chiquillos enamorados. Tenía menos de veinte años y toda una vida por delante. Ella había empezado por algún tipo de confusión en el mundo prohibido del sexo. Su primera relación la había tenido a los trece, en un descampado alejado de la armonía. Lo cierto es que aquello le marcó tanto que creo que desde entonces no hubo día en el que no repitiera sin saber muy bien el por qué.
Recuerdo que yo siempre la miraba con ojos soliviantados que exclamaban: "¡Dulce Jane! Algún día..." Y era en ese momento cuando ella me iluminaba y me decía si la invitaba a otra copa. Por supuesto, le decía yo, de noche duermo porque tú eres mi sueño. Y la hermosa muchacha que me obsequiaba con un beso en los labios al tiempo que me aseguraba que ella no era el sueño de nadie, pero sí el mío.
-¿Te gusta tu trabajo? -Le pregunté una noche a punto de volverme loco.
-Hay cosas peores. -Contestó sonriendo.
-¿Sabes?, me estoy volviendo loco por ti.
-Por un precio asequible ya sabes que soy plenamente tuya.
-Verás. Yo no me refiero a eso. Yo te estoy hablando del amor.
-¿Amor? Ese no es un buen asunto. Hace tiempo que yo
no creo en el amor.
-¿Has estado alguna vez enamorada?
-Sí. Una vez lo estuve de un camarero.
-¿Y qué fue lo que pasó?
-Se fue con otra.
-Lo siento.
-No lo sientas. Alguien me dijo que se casaron
y que poco después se divorciaron. Ya sabes: el amor.
Y volvió a sonreírme -perpetuamente sonriendo-, al tiempo que dejaba en la copa la huella de su pintalabios escarlata.
Aquella noche no volvimos a hablar, ni siquiera la volví a ver rondando la barra. Al parecer estaba en la habitación rosa con un viejo verde, aunque no tan verde como sus sucios billetes, como sus lujuriosas ansias de marcar el cuerpo de Jane con las brillantes babas de lo que nos aporta poco o nada sobre lo que es efusión-ternura.
-Me estoy volviendo loco por ti. -Le dije al día siguiente.
-Sólo son cinco billetes. -Dijo ella mimándome a los ojos.
-No bromees con este tipo de cosas. Me estoy volviendo loco y eso vale más que todo el dinero del mundo.
-Las mujeres como yo no nos podemos enamorar. Nosotras sólo valemos para una cosa. No podemos.
Y al escuchar esto reconozco que mil puñales se clavaron en mi corazón.
-Mañana me marcho de la ciudad. -Continué hablando.
-¿Por qué? -Preguntó ella dejando su copa sobre la barra.
-Me han ofrecido un buen trabajo en otra ciudad más pequeña y más generosa.
-¡Estupendo! ¿Y cuándo volverás?
-Jamás.
-¿Jamás?
-Sí. Estoy cansado de esta ciudad, de sus farsantes gentes, de su apestoso olor, de...
-¿Has dicho "jamás"?
-Sí, eso he dicho.
Y entonces fue cuando me obsequió con un beso de despedida.
-Te echaré de menos. Dios sabe que lo haré.
-No tienes porque echarme de menos, Jane.
-¿Por qué?
-Puedes venirte conmigo.
-No puedo, yo, tengo cosas aquí. Ya sabes... cosas.
-Sí puedes. Querer es poder.
-Es bonito lo que dices, muy bonito, pero...
-Escápate conmigo -insistí-. Una ciudad, unos amigos, una familia...
¡Ilusiones nuevas!
-No sé. Nadie me ha ofrecido esto antes.
-Quizás esto sólo pase una vez en la vida.
-Quizás.
Y se fue sin decir nada más, tras la barra, como alma que lleva el diablo del escaso entendimiento, con su mirada perdida en el suelo y las manos palpitantes, y un gesto apático en la mirada, así como si estuviese buscando en su más hondo "yo" la solución a los diversos dilemas que la atormentaban desde el inicio de su novicia vida.
Luego me fui de allí. Supuse que aquella era su forma de decir que no, y lo cierto era que yo no tenía fuerzas suficientes para insistir en mis propósitos.
Al día siguiente, y tras haberme puesto mi careta de hombre macizo que todo lo puede o todo lo debe poder, fui a la estación para coger el primer tren que me llevase lejos de aquella pestilente e inadecuada ciudad. Lloviznaba y mis maletas pesaban demasiado, siempre demasiado, como si en ellas llevase todo el lastre de mi pasado y los encarnados pedazos de mi corazón asesinado a causa de una brutal e incomprensible negación.
Pero cuando me disponía a subir a aquel tren repleto de incógnitas e inquietudes la vi a ella. He de reconocer que mis ojos temblaron un poquito al verla, al percibir su aroma de mujer perpetua. Corría hacia mí, sonriendo, como siempre, habilitando el ambiente con una sincera sonrisa, con una maleta en sus manos y una hechicera luz sobre su cabeza. Yo también sonreí, y cuando la tuve a mi lado le pregunté si había cambiado de idea. Jane dijo que sí. Me aseguró que deseaba fervorosamente ser feliz, marcharse muy lejos y vivir lo que necesitaba vivir.
También me aseguró que su amor y sus sentimientos valían mucho más que cinco sucios billetes.
martes, julio 27, 2010
[paginantes] RASGUÑOS (artículo) lunes, 26 de julio de 2010, 20:04 De: "Jesús Rodríguez"
RASGUÑOS
Te levantas pausado y desarraigado, y el cuerpo está demasiado magullado como para dar buenos consejos; te levantas mansamente, el suelo impasible, artificial, la gente pasando como insaciables cuervos… Te levantas y uno de tus brazos no desea verse de nuevo en el asfalto, ya que los rasguños producidos por la caída hacen que sea un brazo inservible, un miembro despistado. Pero, pese a todo, te alzas, miras hacia arriba y hacia abajo como un alfil en la beligerancia del tablero: el sol diseña tu silueta de hombre acostumbrado a ir a contra corriente, experto a la hora de boxear día a día contra el insano hábito que tiene el destino de desear abatirte y almorzarte los sesos y el alma ahogada en obsceno éter. Los primeros pasos que consigues dar son aquellos que confirman la lentitud de los actos benévolos; te apoyas en una farola donde alguien pintó anoche en color rojo sangre “María quiere a Julián”; sientes arcadas de vencimiento, de hilo azabache en el estómago; la congoja aprieta, ahora con mayor fuerza, el dolor es todo lo que conoces, es lo que te mantiene con vida, lo que gritó: “¡Muerte!”. Nadie te mira. Tampoco lo necesitas. Hace demasiado tiempo que no necesitas que nadie te mire, que nadie te diga lo que debes hacer para recorrer el camino vital, inherente al ser humano. Las ideas que pasan por tu mente son alucinaciones para la inmensa mayoría de mentes simples que desde el inicio han intentado adoctrinar tus actos, tu pensamiento, tu forma de ver la vida. Te han odiado hasta el punto en que te han borrado de su pasado, de sus clases de piano, de las cenas con corbata y tenedores de plata, de sus jornadas –supuestamente- benéficas en pro de la igualdad en el tercer mundo. Eres sabedor de que estás en tierra de asesinos corrompidos, ciertamente, te encuentras en tierra de monedas que es moralidad y astucia que se utiliza para hacer caer al hermano. El buen Señor se ha percatado desde hace semanas de tu situación, pero, normalmente no levanta sus puños refulgentes casi por nadie, casi por nada que tenga relación con el género humano, tal vez porque es aflicción apadrinar a una panda de desalmados sin escrúpulos. Entonces llega un nuevo pensamiento a tu cabeza: la cita aquella que en muchas ocasiones leíste y asimilaste con sumo gusto justo cuando las fuerzas aseveraban que jamás volverían: “Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar”. Y estas palabras te robustecen, te ayudan a alinear tu cuerpo junto con tu espíritu; luego, en un acto insurgente, miras al cielo con una mueca afilada, levantas tu puño con pujanza y obsequias a todo el que te rodea con un corte de manga terminantemente sádico, para que quede claro que no estás de acuerdo, para que todos sepan que aún no ha llegado tu hora, que el mundo no está en peligro por las malas personas, sino por las buenas personas que –cobardes ellos- no hacen nada para mejorar las cosas.
Alexander Vortice www.opinionvortice.blogspot.com
www.diariodepontevedra.es
Te levantas pausado y desarraigado, y el cuerpo está demasiado magullado como para dar buenos consejos; te levantas mansamente, el suelo impasible, artificial, la gente pasando como insaciables cuervos… Te levantas y uno de tus brazos no desea verse de nuevo en el asfalto, ya que los rasguños producidos por la caída hacen que sea un brazo inservible, un miembro despistado. Pero, pese a todo, te alzas, miras hacia arriba y hacia abajo como un alfil en la beligerancia del tablero: el sol diseña tu silueta de hombre acostumbrado a ir a contra corriente, experto a la hora de boxear día a día contra el insano hábito que tiene el destino de desear abatirte y almorzarte los sesos y el alma ahogada en obsceno éter. Los primeros pasos que consigues dar son aquellos que confirman la lentitud de los actos benévolos; te apoyas en una farola donde alguien pintó anoche en color rojo sangre “María quiere a Julián”; sientes arcadas de vencimiento, de hilo azabache en el estómago; la congoja aprieta, ahora con mayor fuerza, el dolor es todo lo que conoces, es lo que te mantiene con vida, lo que gritó: “¡Muerte!”. Nadie te mira. Tampoco lo necesitas. Hace demasiado tiempo que no necesitas que nadie te mire, que nadie te diga lo que debes hacer para recorrer el camino vital, inherente al ser humano. Las ideas que pasan por tu mente son alucinaciones para la inmensa mayoría de mentes simples que desde el inicio han intentado adoctrinar tus actos, tu pensamiento, tu forma de ver la vida. Te han odiado hasta el punto en que te han borrado de su pasado, de sus clases de piano, de las cenas con corbata y tenedores de plata, de sus jornadas –supuestamente- benéficas en pro de la igualdad en el tercer mundo. Eres sabedor de que estás en tierra de asesinos corrompidos, ciertamente, te encuentras en tierra de monedas que es moralidad y astucia que se utiliza para hacer caer al hermano. El buen Señor se ha percatado desde hace semanas de tu situación, pero, normalmente no levanta sus puños refulgentes casi por nadie, casi por nada que tenga relación con el género humano, tal vez porque es aflicción apadrinar a una panda de desalmados sin escrúpulos. Entonces llega un nuevo pensamiento a tu cabeza: la cita aquella que en muchas ocasiones leíste y asimilaste con sumo gusto justo cuando las fuerzas aseveraban que jamás volverían: “Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar”. Y estas palabras te robustecen, te ayudan a alinear tu cuerpo junto con tu espíritu; luego, en un acto insurgente, miras al cielo con una mueca afilada, levantas tu puño con pujanza y obsequias a todo el que te rodea con un corte de manga terminantemente sádico, para que quede claro que no estás de acuerdo, para que todos sepan que aún no ha llegado tu hora, que el mundo no está en peligro por las malas personas, sino por las buenas personas que –cobardes ellos- no hacen nada para mejorar las cosas.
Alexander Vortice www.opinionvortice.blogspot.com
www.diariodepontevedra.es
jueves, junio 17, 2010
[paginantes] CALLES EN LUTO domingo, 6 de junio de 2010, 17:20 De: "Jesús Rodríguez"
Si el oro se tropieza con tus ideales
rómpele los huesos y el karma.
Caminas por las calles en luto y el hombre
del grito ausente remueve su café de cenizas
como si fuese un pecado de virtudes.
Completas las ideología de los sueños
con sal, hierba luisa y dudas de argento;
sonríes al saber que el aullido
muere desconsoladamente frente a los blancos
argumentos del agua y el fuego
de los falsos profetas.
Si el oro se tropieza con tus desventuras
cómprale un sudario al sol.
Alexander Vórtice
rómpele los huesos y el karma.
Caminas por las calles en luto y el hombre
del grito ausente remueve su café de cenizas
como si fuese un pecado de virtudes.
Completas las ideología de los sueños
con sal, hierba luisa y dudas de argento;
sonríes al saber que el aullido
muere desconsoladamente frente a los blancos
argumentos del agua y el fuego
de los falsos profetas.
Si el oro se tropieza con tus desventuras
cómprale un sudario al sol.
Alexander Vórtice
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