miércoles, agosto 15, 2007

El violín violeta (de Guillermo Arte William) P704050

Sigo tocando el violín en mi ventana,
Ventana transparente de lo que tus ojos
No ve abre ya tus ojos embarrados en barro.
Ábrelos al cielo de las noches y los días.
Sin interrumpir un solo instante.
Día y noche esa noche de los tiempos pasados,
Presentes y futuro de tu vida.
Si tus alfombras siempre pisoteadas,
De la vida que abiertas son efímeras e
Incongruentes.
De tus sombras negras de esa vida roja,
De infámense pecados de tu avaricia.
Siempre bellas asta que deje de serlo.
Tu pizarra llena de boratazos,
No creo que seas feliz.
A
Ábrete a esa luz a la claridad que trae,
Esos nuevos vientos, esta en tus manos
De tejer una nueva alfombra sin pisotearla.
Limpia que yo siempre te perdone,
Que te apropiaras del árbol y de sus frutos.
Aunque me diste muerte y un camino de
Desesperación.
Marcho pero con mis ojos limpios.
Del sucio barro del camino.
Y sigo el camino aunque lamentando,
El mal trato de nuestros desaparecidos.
Deseo que dejes tu ceguera,
Para que te perdonen nuestros muertos.
Para marchar por un camino nuevo.
Llano y sin polvo en tu camino.
Bebes de esa agua clara y limpia que te
Ofrezco para que dejes de ser invisible
A mis ojos.
Tornándote pura a los nuevos tiempos.
Si te detienes en este empeño.
Te tornaras invisible.
En el tiempo y para siempre.
A mis ojos.
Escucha mi violín que desde mi ventana,
Ventanal abierto para que mis cristales,
No se cubran de vaho.
Escuchas esta sinfonía que toco.
Sentado tras mi ventana sentado,
En mi vieja silla violeta.
Hace horas que toco con la nuez.
Las cuatro cuerdas del mi violín.
Con el arco.
Y la crin de caballo enrojecido.
De tanto rozar las cuerdas.
Husmea por sus salidas de percusión
Efes.
Soy más que esa sombra que tú eres.
Si lanzas tu mano y coge la idea de mi mente.
Y no dejas de derramar por tu mano.
El caudal del árbol y los frutos de ellos.
Creando una atmósfera clara y pura.
Cien veces comprensible y mil gratificante.
Que salva mis escollos y mi caminar prospero.
De lo que es de Dios justo.
Para que no se corroa el lamento,
De tu desayunos en el crucero.
Y tus sueños sean dulces y tiernos.
De tu desahogo, plácida y libre.
De esos navéguelos de bella princesa.
Para arribar a buen puerto.
Libre de malas pesadillas.
Libre todo tu intelecto.
Yo cierro mi ventana.
Mientras tanto.
Con mi violín, que se llego a poner de color violeta,
Como mi viejo sillón.
La ventana se nubla y Yo el violinista llora.
Y no lloro por mí sino por ti.
Y mira por tu pequeña ventana al mundo.
Rugen de estruendo los cielos del mundo.
Siguen cayendo del cielo en muchos mundos.
Uno solo nuestro mundo, torpedos.
En cabezas inocentes siguen llorando a los muertos.
No montan en bicicletas solo en trenes expresos.
Y aviones grises como las chaquetas de esos jefes de estado
Mundanos mundiales que no hacen nada.
Nada más que llenar sus arcas de sucios dólares.
Fruto de sus guerras.
¿Eso lo ves? ¿Digo lo ves?
Por eso lloramos muchos.
No te emboliques en esos aceros.
Lazar una bandera blanca al viento.
Une tus manos a ellos para aguantar el mástil.
Hazte de los nuestros.
¿Cuándo dejara de sonar el violín?
En mi ventana del tiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente poema Guillermo !!!
Sensacional actualización Luis...
Muchos éxitos para ambos
Raquel Luisa Teppich