jueves, diciembre 05, 2019

POEMA PARA DESPERTAR





POEMA PARA DESPERTAR
Luis Alberto Battaglia 5/12/2019

Soy de tango,
de sueños imposibles,
de dar jazmines y recibir cardos,
de Buenos Aires, 
de la ilusión.
Soy lo que muestro que soy
en cada día,
quien se alimenta de poesía.
Soy de Pablo Neruda, 
de Borges, de Vallejo, 
de Baudelaire, Cervantes,
Macedorio.
Soy de Itatí, de Felix,
de la verdad,
de la bondad,
de la esperanza.
Cruzo abismos, 
atravieso distancias,
para contarte que en nosotros mismos
existe un mundo nuevo, 
que la revolución es la ternura,
que no tenemos que perdernos,
que en la sonrisa de un niño
sonríe el universo.
Sin amor no hay milagro
ni es verdad la alegría.
¡¡Despierta,
por favor te lo pido!!
Porque estamos a tiempo
todavía

VOY A LEER ESTE POEMA EN LOS PROGRAMAS DE RADIO DONDE PARTICIPO Al Filo de la Medianoche y GraBa Radio Show Y TAMBIÉN VA A APARECER PUBLICADO EN REVISTA GRABA Y REVISTA NUEVAS LETRAS

lunes, diciembre 02, 2019

A PIEL DESNUDA de José Luis Toledano Grupo Paginantes en Facebook Nº 64






A PIEL DESNUDA.
Desnudar:
Quitar toda la ropa o parte de ella
Despojar a una persona de una cosa inmaterial
Despojar una cosa de lo que la cubre o adorna
coloquial Quitar a una persona el dinero o las cosas de valor que lleva encima, ya sea robándole, en el juego, etc.
Sacar de su vaina un arma, especialmente una espada u otra arma blanca.
Diccionario VOX.
I
De soslayo miro al perro que se revuelca en su rabia
Y sacude las impurezas de su vida callejera.
Lo miro extasiado y perplejo
Admirando las verdades que bota de sus poros perrunos.
Y me vuelvo amigo del amigo del hombre
Pensando en el propio hombre que ya no quiere tener amigos.
Y veo la hendija de sus ojos que hierben
En el aceite de los infiernos quemando en su rabia.
Y en su estómago de espejo reluciente
Un hambre encumbrada de gastados colmillos.
Advierto cuando el perro muerde a su amo
Desquitándose la mordida infame que le marco en su piel un hombre.
II
Siento la desnudez en mi maltrecho cuerpo
Que sometí a la luz de las candilejas.
A la libre cabellera que se despeina en las palmeras.
Al verde cedazo de los cañaverales.
En los anacrónicos trozos de mi piel.
Me siento desnudo en la censura de unos ojos.
De águila herida en su pecho
Que hace nido en la montaña más alta de la isla.
En el mirador más adusto de la ciudad.
En el mástil de un barco que se hunde en las tinieblas.
El frio más fino que desfila por el tamiz
De la piel dorada y asustada.
Una coraza cerrada a las tempestades
A los malos ojos,
A la palabra dulces y traicioneras.
Siento la desnudez en mis genitales henchidos
Listos para el joven sexo.
El caimito abultado de los labios sensuales.
La maraña furtiva de unas manos tostadas
En el fuego de la mañana.
Y es que mi desnudez es crónica y enfermiza.
Hecha de alabastros e idolillos
De los cementerios cansados de muerte
De los vientos alisios que rompen la quietud
De los números heroicos y la mala suerte.
Mi cuerpo solo es piel esculpida en aluvión
Vacío de las nostalgias y las penas.
Un Franqueasteis juntado de los trozos de las razas
Los mapas rotos por el huracán
Por cristales fundidos en la fragua.
III
Un día me vi en tus ojos drenando la sangre
Que no se aguanta en los ojos.
En la llovizna que se derrite del cielo azul
Al pasar por tus encantos cercenados.
Me vi en tu figura inigualablemente adusta
Y en las malas noches que tuviste a mi lado.
Te vi en el poniente que se arrastra con la niebla
En las oscuras encrucijadas de la vida.
En los alegres encuentros y los besos.
Y es que eres una parte importante de mi cuerpo.
Especie tangible de flores y cantos.
Mi costilla mutilada que crece a mi lado
Con la fuerza de la primavera.
Que camina a mi lado atada a mi mano
Al olor exquisito del aliento.
Y es que eres la otra mitad que no abandona.
Que se desliza en silencio bajo las sabanas
Y se despoja del pudor de la madrugada.
La pieza perfecta del rompecabezas
Que encaja en mis entrañas.
IV
A la orden, en bandeja de plata
Me serví de tu corazón desnudo.
De las imperfecciones humanas que salen por los poros
Abierto a la luz de la luna.
En noches de desvelo amarrado al lecho.
Y en la liturgia de noche de sexo y madrugada.
Me despeino en tu pecho,
En una tentativa de suicidio me despeño
Por aquellas formas.
Abiertas y humanas,
Salvajes y distorsionadas,
Por la luz y las tinieblas.
V
Los pájaros se volvieron malos.
Se fueron a las ciudades en busca de pan.
Dejaron solos los nidos con sus crías llorosas.
Con sus polluelos hambrientos tiritando de frio.
Los pájaros se volvieron lúgubres.
En los grandes edificios que miran al cielo.
Hicieron sus casas de paja y barro
De basura radioactiva y trozos de sueños.
Aquellos seres que eran bellos y robustos
Quisieron olvidarse de su especie.
Abandonar a su dios pájaro
Todas aquellas cosas que los hicieron volar.
Se montaron sobre los vientos
Y volaron lejos de los campos sembrados.
Del verde artificio de las montañas y llanos.
De los escalones calizos que van hasta el rio.
Los pájaros se hicieron insensibles a la nostalgia.
Se fueron a otro continente,
A otras tierras más prosperas.
Y olvidaron sus raíces, sus antepasados.
Pobres pájaros heridos en el pecho.
Adoraron otro dios hecho del despojo de su tierra.
Del dolor de sus hermanos y del olvido.
De la espada y el látigo que duele hasta el alma.
VI
Tomé la arcilla e hice tus ojos
Del color de la noche perdida.
De la incertidumbre y las cinturas
Que se mueven cadenciosas con el vendaval.
Tome de las frutas su aroma
Para perfumar las góndolas que te llevaran al olimpo.
El despertar y la controversia
Que dimana de tu cuerpo.
Te proyecte como film arcaico
Sobre la piedra negra de los caminos.
Te desnude en el viento
Y conté tu historia quemada y rendida.
Estuve luciendo en los espejos
Tu cuerpo viviente en una hoguera.
En un campo de estrellas obsoletas
Sobre los cerros agoreros.
VII
Las imágenes corren por los caños
Aviesas y atormentadas.
Infames nostalgias en navíos sagrados.
Buques y sacristías.
Los niños lloran de forma dramática
Los brazos abrazan la nada.
Las imágenes van descalzas y desnudas,
Llueven por las cañadas.
A tras luz se ve el sol cayendo al poniente
Desnutridas aldeas y valles floridos.
En opaca liturgia
En una cruz gamada.
VIII
Con dolor en la pupila el bardo
Canta triste a las cosas imposibles.
A las viejas maravillas de un mundo intangible
De cuentas amarillas y desalojos del espíritu.
El holograma se manifiesta en una gota de lluvia azul
Los viejos e imposibles encuentros.
La Lava ardiente de un aliento
En una boca de loto.
IX
En otra vida fui un pez
De resplandeciente exoesqueleto inmortal.
Viví entre grafiti, basura y arena.
Entre mugre e inmundicia.
Tuve que acomodar mi vida entre los arrecifes de una ciudad antigua.
Una ciudad sin nombre
Y de legalidad dudosa.
Donde los niños deambulaban descalzos, famélicos e infelices.
Allí conocí del acre olor a sudor del que trabaja en el puerto.
De su torso brillante,
Los olores fuertes a grajo y orine.
Y también del mal hábito de emborracharse para ahogar las penas.
En esa vida me toco purgar mis desaciertos
De otros días,
De otros momentos.
Días aciagos escritos en mi Karma.
En esa ciudad fraudulenta
Que esta al sur de mis sentimientos más íntimos.
No tuve amigos
No tuve amores,
Sentí frio y hambre
Y el dolor que paraliza.
Aprendí del sexo furtivo
De las putas sin nombres ni dueños.
Que deshacen el amor
Entre sabanas manchadas por el fluido de su vagina maltratada.
Del anarquista que desde el bar sueña,
Su libertadora revolución
para los humildes y trasnochados obreros.
Mientras se toma un tequila.
De la madre que le da su teta estrujada
A su famélico niño.
Y piensa que su destino es seguro
Hacia una muerte temprana.
También del poeta
Que escribió con su sangre en un trozo de papel cualquiera
Su mejor réquiem
Dibujando un adiós
Me toco ser pez y vivir en el sur
En una suerte de vía crucis hacia otros tiempos

PP 22 3 64





domingo, diciembre 01, 2019

ROCÍO DE ESTRELLAS







ROCÍO DE ESTRELLAS
Luis Alberto Battaglia 1/12/2019
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Alrededor la madrugada,
primavera,
en mi alma el frío,
las cosas que quedaron olvidadas,
terror,
hastío.
Haré una petición
por nuevas madrugadas,
con el rumor de paz
adentro mío;
las mariposas
que me traen tus hadas,
la voz del río.
Soy noche, Buenos Aires,
caravana
de muertes blancas,
el sueño de esa música lejana
de mil gargantas,
hormiga, caracol,
domingos de fideos,
y una ecuación del sol
entre mis dedos
que vibran en las teclas
sorprendidas,
el viento que me dicta,
la sombra invicta,
el 25 hasta la escuela.
Vuela mi corazón hacia le oeste
buscando le cielo
y ese milagro cuente los que cueste.
Soy terciopelo,
vibra en mis laberintos
la melodía,
vibra mi vida
si tu voz me llama,
soy magia, soy poesía,
soy instinto,
soy alegría.
Pero se calla la mirada,
duerme en mi nada
la luz del día.
¡Ay si en la esfera
tu caballo alado
dejara huellas
para quedarnos todas las estrellas,
ay si pudiera...!