miércoles, junio 20, 2007

Templo para mis lágrimas (de Jesús Alejandro Godoy) P705290

Desde algún lugar obsecuente con mis pormenorizados temores, me voy quedando ajeno a toda vigencia de lo que es leal a mis sentimientos; entonces, violo los dictámenes más certeros que me hicieron un hombre acaudalado de felicidades y me entrometo en los caminos de las vivencias fugaces aletargadas por esos yerros que dejan el paladar dulce y el corazón vacío.
Voy entonces dije, a romper esos encantamientos que supieron ensoñarme en novelas de amores escondidos que luego no eran tales sino, un esparpajo mal dibujado, por esos amores que no sabían amar y esos corazones que se estaban entrenando para saber querer luego de descartar los desintereses de los cariños.
Abrí los ojos creo, y me encontré con otras historias inverosímiles y tan cercanas a mis quejas de caminos no atinados, que de tanto repetirlas se me hacían harto cercanas y hasta palpitantes de desasosiegos y vacías de toda solución.
Y me senté...
Me senté dije, en la acera de estos recuerdos que se fueron quedando ebrios y descontentos de perder a sus mismos recuerdos; estos recuerdos, que se volvieron puertas oxidadas y despintadas, tiovivos destartalados y solitarios; ancianos solos, en el invierno de una plaza vacía.
Y fue dije, que me horroricé de llevar tantas miserias activas en mi memoria, y di cuenta de estas armadas estrategias que se erigían como templos para mis lágrimas en las lloviznas de mis palabras sin sentido, que iban implorando un poco de piedad a esas decisiones que ya no pude deshacer.
Y me senté... a esperar que el tiempo se llevara un poco de este viento que hoy me trae las buenas nuevas ajenas que mis recuerdos no quieren escuchar, y que mis obligadas sonrisas no quieren festejar.
Creo que los últimos que me vieron, me advirtieron empacando mis lágrimas para llevarlas a otras tierras y envolviendo mis alegrías para repintarlas cerca del mar.
Fue creo... que me senté a esperar, lo que jamás llegaría y decidí escaparme de esos vientos, que me traían recuerdos ajenos, que mis recuerdos atónitos de encontrarse siempre en el mismo sitio, no podían soportar.

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