miércoles, enero 31, 2007

Angelito de las calles (de Ximena Rivas) P701200

...Y de pronto te vi allí
Tan pocos años desamparados
Librado a tu suerte, huérfano de caricias
¡Arrastrando tantas carencias!

...

Te alzabas apenas del suelo
Sucio desafiante
En la mirada bronca e impotencia
Piernas escuálidas, rodillas lastimadas

...

¡Eras el rostro mancillado de la inocencia!
Sobreviviendo en esta jungla de cemento
donde la vida es para algunos un juego repugnante

...

Te vi reclamando una moneda con el vientre vacìo
clamando por un mendrugo de pan
o algo para engañar la acidez del estómago

...

¡No pude mirar tu rostro...¡¡No pude!!
Los rostros a veces duelen como dagas
Como cuchilladas frías en el alma

...

Te sentí un pájaro caído del nido
antes de tiempo, sin protección, indefenso
Tuve que hacer un esfuerzo para no amarte
Y aún así te amé...¡Te sentí en carne viva!

...

Te imaginé mi hijo y fui tu madre
Me vi besando tu frente
¡Aluciné de espanto!

...

Y te cubrí de besos
antes que el reparador sueño
te sumergiera en la inconciencia

...

Y detuve a la noche
para que no congelara tus pies descalzos
dibujando una sonrisa en tu rostro
¡En tu carita de luna nueva!

Peso ancestral (de Alfonsina Storni) T 7

TAMBIÉN (T)
Sección especial para la publicación de obras de autores clásicos, de revistas o libros recibidos en intercambio por Revista Literaria Nuevas Letras desde 1981, de otros grupos literarios, de integrantes del taller literario Nuevas Letras y de los lectores en general.
LUIS ALBERO BATTAGLIA

Tú me dijiste: no lloró mi padre;
tú me dijiste: no lloró mi abuelo;
no han llorado los hombre de mi raza,
eran de acero.

Así diciendo te brotó una lágrima
y me cayó en la boca... más veneno
yo no he bebido nunca en otro vaso
así pequeño.

Débil mujer, pobre mujer que entiende,
dolor de siglos conocí al beberlo;
oh, el alma mía soportar no puede
todo ese peso.

viernes, enero 26, 2007

INTERCAMBIO * NOVEDADES CULTURALES * SOLIDARIDAD

AmigoAmiga
***
El camino de las letras es arduo y difícil, empedrado de dolores y de sueños que pesan en el alma. Somos, lo creo, los solitarios que no encontraron la palabra justa, el beso a tiempo, la ecuación de la esperanza.
***
Pero hoy, en las palabras, lector, lectora, estamos juntos. Es preciso y más, es urgente, que todos los creadores juntemos nuestras fuerzas y nuestras heridas esperanzas, que vibran, sin embargo, con un resplandor inigualable.
***
Es necesario, en este mundo golpeado por el dolor y la angustia.
***
Hoy voy a hacerte una invitación. Si tenés una web o un blog o un sitio, quiero que hagamos intercambio de link o enlaces (con la palabra que quieras expresarlo).
***
Si estás de acuerdo entonces agregá cuaquiera de los portales, sitios o páginas web de Ediciones Battaglia en tu espacio virtual y dejame un comentario en este post diciéndome la dirección exacta donde agregaste el link o enlace y a cual de los portales, sitios páginas o blog enlazaste o linkiaste y la dirección que yo debo agregar en el portal, sitio o blog.
***
Apenas vea el comentario me comprometo a contestarlo y a agregar inmediatamente tu dirección en donde corresponda.
Hasta el momento EDICIONES BATTAGLIA cuenta con:

http://www.battaletras.com.ar/
http://www.battaletras.com/


***

Esto no es más que simplemente presentarle los amigos a nuestros amigos. ¿Lo hacemos? Ojalá que sí.

***
NOVEDADES CULTURALES Si querés difundir novedades culturales de modo inmediato (presentación de libros, encuentros literarios, conferencias, música, cine, teatro, etc) dejá la novedad cultural en un comentario en este post del talter literio envío publicación paginantes.

***
PAGINANTES SOLIDARIDAD Si necesitás pedir ayuda o querés ofrecerla, este espacio paginante está también para eso. La idea es armar un grupo de acción solidaria a nivel mundial, para que la vida sea mejor.Para pedir ayuda u ofrecerla de modo inmediato ¡amiga, amigo!, dejá tu comentario en este post. Y nunca olvides que EL AMOR ILUMINA.

***

Un abrazo de amistad desde mi alma paginante.

miércoles, enero 24, 2007

PIEL (de Sonia Monjo) P701130

Piel.
Piel libre de pesares
Llena de bríos adolescentes,
Que tiene su propio idioma
Y que poca gente entiende.
Piel suave y agradable
Que busca sentir la brisa,
o un baño de luna triste
que tape miedos y risas
Piel desnuda, que no es poco
Piel desnuda que se anima,
Piel desnuda que se quema
Al calor de una caricia.
Hay temores y vergüenzas
que aprendimos a creernos,
no hay nada malo en la piel,
desnudemos nuestros cuerpos.

Este poema responde al ejercicio nº 8 de Paginantes: escribir sobre la desnudez

Para todo y nada (de Monik Matchornicova) P603010

Aun hay voz para nombrarte, acertando
a puntos inconclusos, aun la noche
es tán oscura, cuando la luna divaga.
Entre las sombras

aún hay canto que no ha sido y precisa
de tu imagen madrugada, justicia del camino
lluvia eterna. Patio de muertes

aún es el plan de tu mirada, filtrando
un sentir melodramático. Y es que no es
sino el pan de la poesía, dolor, angustia,
llama lenta, quemando esquinas.
De silencio

aún cansados de destino, ocupamos
serpientes inocentes, que arrastran
ingenuas su grandeza, por donde
todo parece. De otra clase

aún sigo, aunque parezca divertido
mi pena-elocuencia brisa extraña,
ligera del cabildo de los vivos
acertando muertes y cantos.
A veces a la nada

miércoles, enero 17, 2007

LA DANZA DEL RATÓN (revista literaria) T 6

TAMBIÉN (T)
Sección especial para la publicación de obras de autores clásicos, de revistas o libros recibidos en intercambio por Revista Literaria Nuevas Letras desde 1981, de otros grupos literarios, de integrantes del taller literario Nuevas Letras y de los lectores en general.
LUIS ALBERO BATTAGLIA

Editorial nº 1
¿Cuándo danza el ratón?
Cuando el temor al gato desaparece, aunque pocos se animen a ponerle el cascabel.
El ratón danza en los mil agujeros que prepara; refugios que por tradición se ubican a la altura de los zapatos. Miran al mundo desde abajo los ratones; pero roen, roen, roen. Este es el Zoo de la Nueva Poesía, la enésima trampera burlada, la jaula vacía de laboratorio y otros temores experimentales...
Con la Danza del Ratón surgirán nuevas señales de este momento, y todas las huellas que dejaron las voces no-huecas, reveladoras, de los que crecieron en la expresión poética. Con esa intención estas páginas permanecerán abiertas y este será el llamado-convocatoria a la danza para poemas y poetas.
Proclamar de antemano proyectos, expectativas, no destacaría a esta Editorial como original, tratándose del lanzamiento de una revista. Así mismo, sería jactarse de suficiencia detallar sumarios de ediciones futuras y nombrar con mayúsculas a los próximos colaboradores. No es fácil hacer bailar a este ratón...
No obstante, hablar de heroísmos, lirismos, moscas blancas, rara avis, iluminados (términos todos utilizados en apariciones de “revistas de poesía”), en este momento, no tiene ningún sentido. Como tampoco lo tiene la posición que adoptan furtivas publicaciones especializadas, o poetas oportunamente ensalzados, al considerarse “salvadores de la lírica” y hacer alarde indiscriminado del gesto redentor.
Aunque no haya verdades absolutas, hay criterios coherentes y actitudes de ojos abiertos.
Apoyar todo con, tal que sea poesía, es, aparte de demagógico, aberrante. En nombre de la poesía también se miente y se negocia, y a esta altura no cuesta mucho darse cuenta. La conciencia poética para muy pocos puede resultar subjetiva en la actualidad. Hay, y desee siempre las hubo, intenciones incuestionables en cuánto a la proyección expresiva de los versos que manifiestan una realidad que los absorbe y transforma; fundamentalmente, ante un momento histórico que se hace sentir y se transporta a través de todos los sentidos en poemas que sirven.
Y los ratones espían por agujeros y respiran su media asfixia como los roedores del mundo. Confían los ratones en los saltos mortales, en las piruetas que dominan como itinerario. Y vuelven los ojos arriba y vuelven los ojos abajo; de tanto gris son la misma noche, pero no dejan de bailar...

La danza del Ratón, Buenos Aires, abril de 1981. Directores. Jonio González y Javier Cófreces.

Desde un planeta llamado amor (de Guillermo Medina) P701132

Tengan presente queridos terrícolas, que este planeta fue consumido
hace millones de años por seres parecidos a ustedes. El amor, aquí es
un hecho consumado. La vida es una decisión y la muerte un
reconocimiento. Allá lejos vemos la tierra como una ojo herido, una
retina sangrante que nos observa sin ver. Amamos vuestro globo porque
suponemos que nuestro lugar fue muy parecido al de ustedes y lo
extrañamos. No podré dejarles ningún consejo antes de despedirme.
Aquí la paz es un ente, seguramente allí sea un anhelo. Aquí la guerra,
terminó con las bombas, allí las bombas terminaran con la guerra. En
ese último momento, comenzarán a extrañar lo que ya no tengan, veremos
desde aquí un ojo muerto pero iluminado y al fin, quizá, podamos
encontrarnos.

Esrte texto responde al ejercicio 2 de Paginantes "Reportarse desde otro planeta"

miércoles, enero 10, 2007

28 - Amor en la lluvia (de Luis Alberto Battaglia) P602270

En Buenos Aires
está lloviendo como del alma,
me aferro de mí, casi perdido,
para sobrevivir a la nostalgia.
En Buenos Aires llueve y no te tengo
y esta asfixia me dice todo el amor de días y de años
y esta asfixia con lluvia y viento
viene
a acumularse en los rincones
de esta noche
donde me dueles tanto.
Ay amor, ay amor como la lluvia,
que desparrama gotas en mi alma.
Si llueve en Buenos Aires dos horas más
seré un cautivo de esta angustia que amenaza
y amenaza entre relámpagos
y estaciones del alma.
Y en Buenos Aires pura lluvia y pura pena
vengo a sentir tus ojos dulces
y tu sonrisa de eternidad.
No es la soledad,
no es la falta de amor,
ni la carencia de futuro;
mujer,
es esta lluvia que me gana el alma
y me reparte a manos llenas
tus viejos golpes
de los que quiere mi ternura
hacer que te repongas y acariciarte mucho
y llenarte de besos y de amor y de todo mi ser,
amor, mujer milagro,
de enero entre mis brazos.
Hoy llueve en Buenos Aires
Y yo te amo.

SONETO (de Cris) P701040

Di que sí me quisiste, que no he sido
la fugaz tentación de un alma en pena
que, por no llevar sola su condena,
manotea el vacío compartido.

Di que aún me recuerdas, que el fallido
amor que te juré fue una cadena
que aún no se ha soltado y que te llena
el hueco sin resquicios del olvido.

Di que no soy la única que cree
que el tiempo es la ficción de la constancia
por sumar y restar lo que es eterno:

si escribo para ti, tu alma me lee
y mi voz sobrevuela la distancia
que media entre tu páramo y mi invierno.

viernes, enero 05, 2007

NOVEDADES CULTURALES 1 y 2 de 2007

Si querés difundir novedades culturales de modo inmediato (presentación de libros, encuentros literarios, conferencias, música, cine, teatro, etc) dejá la novedad cultural en un comentario en este post del taler literio envío publicación paginantes. NOVEDADES CULTURALES DE ENERO 2007 Y FEBRERO 2007.

miércoles, enero 03, 2007

Labios/Desnudos (de Tristemente Conforme) P608020

-Mis carnes se pudren al eco del silencio. Lágrimas sanguinolentas se escurren por los dedos ennegrecidos. Las paredes se ahuecan ante mis gritos por el sello de los labios.

Desde aquellos finos esbozos rojizos, los alientos exhalados afincaron los barrotes.-

Recita la voz sobre el fondo blanco, de esos que parecen no tener fin, e irremediablemente terminan por poseer la extensión de la nada. Es una voz gastada, si se le escucha con cuidado casi se pueden apreciar, sobre la inmaculada pulcritud del espacio, los moretones salpicados, producto del mismo monótono embate.

Sergio, todo envuelto en espacio, está parado, incapaz de escuchar el timbre lacerado que resuena por todo el lugar.

No sabe con certeza si está desnudo, está y sólo eso tiene por seguro, incluso parece que no siente el peso de su propio cuerpo. El tacto de su misma piel se hace un recuerdo confuso. Apenas reconoce su rostro, sin labios, tocándolo con la única parte de sí mismo que parece existir en el vacío estéril: su mano derecha.

Se pregunta la importancia de aquella mano, ¿porqué no el torso?, o el pie, de menos el cabello, ¿y los labios?.

-Las apenas abultadas carnosidades de la boca obraron una danza. A través de ella se levantó la voz, sincera, de un discurso que vendría a tragarse mi existir.

Cada palabra, cada sílaba con sus acentos y entonaciones, se convirtió, sin que lo notase siquiera, en una flecha.

Cuerpos sangraron chorros y cadáveres cayeron uno a uno hasta alcanzar la totalidad.-

Mientras deja crecer la duda en su cerebro, tan invisible como el resto de las partes corporales enumeradas, un agujero comienza a abrirse a la mitad del rostro.

La única mejilla que recorría de un extremo a otro la cara de Sergio se divide en dos. El hoyo se ensancha poco a poco hasta formar una "O", desde cuyas profundidades se arrastran un par de carnosidades rosadas y se posan, una por debajo de la nariz y otra por encima del mentón, uniéndose alrededor de ese nuevo agujero. Pronto emergen los dientes y la lengua avanza sinuosa al encuentro de ellos.

Ahora no sólo tiene labios para su rostro, sino una boca entera que pronuncia, gracias a la ayuda de la cariñosa lengua, abrazando efusivamente a sus queridos dientes y al apreciado paladar:

-Tienes miedo.-

Sergio no escucha estas palabras, los sonidos tienen la particularidad de perderse en el espacio donde se encuentran tan pronto salen del objeto que los produce. Carecería de sentido si no lo hicieran, especialmente las articulaciones de Sergio, puesto que nadie más, ni siquiera él mismo, que en cierto modo ya conocía al pie de la letra cada oración del monólogo a punto de llevarse a cabo, debía escuchar sus palabras. No se debía saber aquel desliz de su voluntad, el error de sus labios articulando frases.

Guiada por el inexistente ondeo en el aire de las dos palabras recién pronunciadas, la mano rápidamente plasma en el suelo, si es que así se le pueda considerar, imposible marcar límites y encontrar paredes en ese mar cegador y vaporoso, el "tienes miedo" con su dedo índice, que al contacto con el blanco, inexplicablemente fija sus palabras en tinta negra.

Ojos se abren ampliamente al leerlas, y el propósito de la masa lechosa que mantiene a Sergio cautivo en sus adentros se le desvela.

-Forjada a blandir del arco, la masacre no dejó un sólo objeto sin agrietar. Sus pedazos goteantes, mezcla de lágrimas y sangre, se desmoronaron para luego filtrarse por el suelo.

La ceguera de la nada llegó con su brillantez.-

Comprendidas las intenciones, la boca recién creada continua su atropellamiento de letras, sigue hilando palabras y construyendo oraciones:

-Tienes miedo. Lo comprendo, créeme que sí, pero...-

Los labios detuvieron su movimiento por voluntad del muchacho. Era preciso no mancillar la inmaculada pureza del blanco ni dejar huella alguna tras las letras, que pudieran guiar los pasos del curioso hasta su fuente, la boca con sus prohibidas carnosidades.

-Pero no está bien-

Pronuncia al fin, abriendo grandes heridas a lo largo de su traquea por empujar las duras esquinas de una palabra de cuatro letras a su origen. Las invisibles cuerdas vocales despedazan cada uno de sus caracteres mientras la sangre se escurre.

- Es una completa cobardía, me parece totalmente egoísta.

Tú mismo dijiste que el hombre debe compartir su humanidad con los otros.

Todos tenemos miedo, estas mismas palabras tiemblan en mi garganta mientras las articulo.

-El iris de mis ojos se hizo inservible suspendiendo la visión de la tostada faz, con sus mejillas a medio rasurar y los rizos agradablemente desperdigados sobre la cabeza. La flor tan deseable de esos labios, abriéndose y cerrándose al compás de una estática frialdad, terminaba sus fatales pronunciaciones.-

La libertad reside en vencerlo, probablemente ya habrás memorizado la frase, su significado ha sido ya muy devaluado, pero yo he de hacerte comprender como te engañas a ti mismo al darle nuevo sentido.

Así es, te engañas. Dices no estar listo, afirmación más falsa simplemente no puede haber.

Voy a jugar con fuego. Nunca realmente se está preparado, lentamente se gesta sin avisar siquiera.

Cae lentamente como el agua en un grifo mal cerrado, y golpe a golpe, incisivo, invasor, se termina por llenar el recipiente.

Así, a cuentagotas, se impregna el algodón.

En algún momento una chispa inexplicable provoca la combustión, y el calor comienza a recorrer el cuerpo.

Se consume la vida y la reduce únicamente a ese mismo instante.

El propósito de la existencia parece condensarse entero al calor de ese fuego, cuya llama camina por el alma y llena cada hueco vacío.

¿En su ausencia? En ella sólo se vive del recuerdo. El reloj de arena se vuelca de cabeza y comienza a contar los segundos para otro encuentro con la flama.

Ese es ¿me quemo? No es más que la plenitud pura, y claro, no he de contradecirte, de su fórmula, tan concentrada e intoxicante, sólo se nos habrá de conceder su disfrute en pocos y espaciados momentos.

Dime ¿Estás dispuesto a renunciar a la oportunidad de volverlo a experimentar, ardiente y sofocante?

¿Verdaderamente prefieres resguardarte entre cuatro paredes?

En esa habitación de duro hielo una puerta oculta la salida. Los labios jamás aparecieron, incapaces de resistir, con el propósito de liberarte.

-Siguiendo la melodía del implacable viento helado, ese par de franjas sonrojadas formó un sonoro mensaje, que con cada movimiento de sus músculos reitera mi condena. Hicieron las veces del arco que disparó esas flechas de palabras, en recta trayectoria a la velocidad de los ritmos melancólicos de tu canción.-

Las palabras, desesperadas, arañan las paredes de la nada blanquecina, que pronto ceden ante la presión.

¿Esperas entregar la llave? ¿Deseas acaso que el auténtico dueño del cerrojo te rescate de tu helada prisión?

No son sino concepciones falsas, las razones saltan a la vista. No entregarás llave alguna, la vista de tu cuerpo está vedada, los gruesos muros de la frialdad aseguran que siga así. Y si aún cayeras presa del místico encanto de algún paseante por tus lindes. ¿Saldrías tú de la prisión nevada a entregarle la llave bien merecida?

Jamás acudirá el forjador de la cerradora, el único e irreal portador de tu llave, a salvarte. No serían más que símbolos, escritos de diestra mano, de un lenguaje bellamente manipulado por un frío intelecto humano.

¿Qué de interés podrían mostrar tus muros nevados? ¿Qué posiblemente lo llevaría a abrir la puerta?

Cierto es que un atisbo de luz traspasa tu prisión, yo lo he visto, pero ¿cuánto tiempo no he pasado esperando pacientemente a tus afueras? Quizá el dueño posea infinita paciencia, quizá sólo se detenga unos momentos para luego marcharse indiferente.

Sal, huye de tus frías paredes. Despréndete de tus ropas y lánzate en sacrificio, expón a la despiadada masacre del exterior tu pecho desnudo.-

Al compás del índice escribiendo "desnudo" el rostro recobró su cuerpo. Regresó el torso, regresaron los pies, las manos y el cabello. Solo en el espeso blanco el muchacho estaba desnudo.

Vulnerable, fetal, justo como los labios invitaban a permanecer, así flotaba Sergio en la brillantez de la nada, así desvió la mirada de las palabras recién plasmadas por la mano.

Tras dura lucha, recobró el control de su boca, y la forzó a dictar su voluntad, ya no le importaba dejar marcas.

-Perdona mis letras, producto de mi intelectualidad, disculpa las maneras con las que me dirijo a ti. Mi humanidad ya se cansó de idolatrarte, ya no soporta más el dolor de mis "te amos" lanzados al vacío.

-Mis agrietados labios se resecaron aún más a medida que la métrica extensión de tus palabras alejó al húmedo elixir, tu saliva, negándome el tibio abrazo de tu boca.

Se aprietan dolorosamente como preludio a la última canción ingenua, queda ante la sentencia de tu boca, horadando, saeta por saeta, mi amor.-

De tierra seca, moribundos, se hieren con cada letra encendida que pronuncian. De la herida mana la sangre con tu amor, salida de una grieta abierta en el corazón, rebelde fugitiva de su cárcel.

Al contacto del líquido sobre la superficie muerta de mis labios, éstos se secan aún más, escurren el sentimiento no correspondido sobre los nuevos cortes, matando otra vez la piel, atrofiándola en una sola y profunda llaga en carne viva.

Antes de abandonarse a la putrefacción, la boca sangrante alcanza a articular una última palabra.-

-Mi voz negra se desgarra en la tristeza, exalta su duda con los contrastantes falsetes y frasea su dolor al firme y reprimido arrullo de mi timbre esclavo. No así se apagarán mis ojos iluminados de intensidad traviesa. No mi corazón dejará de latir en su incompletitud el amor devoto hacia a ti.-

El último punto escrito por la mano marcó el final de la misiva, retumbando en el blanco espacio.

La cegadora brillantez pronto se apagó en pedazos y aparecieron las paredes. Surgieron de nuevo los muebles, y la cama se fue a colocar por debajo del vientre de Sergio. A través de las ventanas abiertas se apreciaban los árboles golpeados por el viento de la tarde en agonía.

Retornó el tolerable brillo de la luz eléctrica, el silbido intermitente de la línea telefónica volvió a resonar a través del auricular. Regresó el tiempo en los números llameantes del despertador y, mientras el blanco se reducía al tamaño de un montón de hojas de papel, la realidad instalaba sus últimos detalles.

La boca muerta, bañada en chorros constantes de sangre, ya no existía.

Un susurro repetía la palabra en los oídos del muchacho. Sonido proveniente de muy lejos, de los laberínticos espacios de la mente, la exhalación de un concepto que la mano no dudó en plasmar un solo instante.

- Confía.-

-Entonces mi boca se cierra y mi canto cesa sus lamentos. Desaparecen mis labios de la cara, encerrando mi querer en las pupilas térreas. Confinándolo en los espacios sedientos del corazón y apretándole en el bullicio de mi mente.-

Un precio debió de pagar Sergio por su atrevimiento, en lugar de labios, en ese espacio entre la nariz y el mentón, una cicatriz horizontal, oscura e infectada, dominaba el rostro.

-Aprisionado a fuerza de silencios, llora caudales de sangre mi amor. Sus dedos vomitan fallidos intentos de unas palabras.

Agoniza la pulcritud de la prisión, por debajo de sus paredes se escurren hilos de sangre y tinta.-

Labios/Desnudos

-Mis carnes se pudren al eco del silencio. Lágrimas sanguinolentas se escurren por los dedos ennegrecidos. Las paredes se ahuecan ante mis gritos por el sello de los labios.

Desde aquellos finos esbozos rojizos, los alientos exhalados afincaron los barrotes.-

Recita la voz sobre el fondo blanco, de esos que parecen no tener fin, e irremediablemente terminan por poseer la extensión de la nada. Es una voz gastada, si se le escucha con cuidado casi se pueden apreciar, sobre la inmaculada pulcritud del espacio, los moretones salpicados, producto del mismo monótono embate.

Sergio, todo envuelto en espacio, está parado, incapaz de escuchar el timbre lacerado que resuena por todo el lugar.

No sabe con certeza si está desnudo, está y sólo eso tiene por seguro, incluso parece que no siente el peso de su propio cuerpo. El tacto de su misma piel se hace un recuerdo confuso. Apenas reconoce su rostro, sin labios, tocándolo con la única parte de sí mismo que parece existir en el vacío estéril: su mano derecha.

Se pregunta la importancia de aquella mano, ¿porqué no el torso?, o el pie, de menos el cabello, ¿y los labios?.

-Las apenas abultadas carnosidades de la boca obraron una danza. A través de ella se levantó la voz, sincera, de un discurso que vendría a tragarse mi existir.

Cada palabra, cada sílaba con sus acentos y entonaciones, se convirtió, sin que lo notase siquiera, en una flecha.

Cuerpos sangraron chorros y cadáveres cayeron uno a uno hasta alcanzar la totalidad.-

Mientras deja crecer la duda en su cerebro, tan invisible como el resto de las partes corporales enumeradas, un agujero comienza a abrirse a la mitad del rostro.

La única mejilla que recorría de un extremo a otro la cara de Sergio se divide en dos. El hoyo se ensancha poco a poco hasta formar una "O", desde cuyas profundidades se arrastran un par de carnosidades rosadas y se posan, una por debajo de la nariz y otra por encima del mentón, uniéndose alrededor de ese nuevo agujero. Pronto emergen los dientes y la lengua avanza sinuosa al encuentro de ellos.

Ahora no sólo tiene labios para su rostro, sino una boca entera que pronuncia, gracias a la ayuda de la cariñosa lengua, abrazando efusivamente a sus queridos dientes y al apreciado paladar:

-Tienes miedo.-

Sergio no escucha estas palabras, los sonidos tienen la particularidad de perderse en el espacio donde se encuentran tan pronto salen del objeto que los produce. Carecería de sentido si no lo hicieran, especialmente las articulaciones de Sergio, puesto que nadie más, ni siquiera él mismo, que en cierto modo ya conocía al pie de la letra cada oración del monólogo a punto de llevarse a cabo, debía escuchar sus palabras. No se debía saber aquel desliz de su voluntad, el error de sus labios articulando frases.

Guiada por el inexistente ondeo en el aire de las dos palabras recién pronunciadas, la mano rápidamente plasma en el suelo, si es que así se le pueda considerar, imposible marcar límites y encontrar paredes en ese mar cegador y vaporoso, el "tienes miedo" con su dedo índice, que al contacto con el blanco, inexplicablemente fija sus palabras en tinta negra.

Ojos se abren ampliamente al leerlas, y el propósito de la masa lechosa que mantiene a Sergio cautivo en sus adentros se le desvela.

-Forjada a blandir del arco, la masacre no dejó un sólo objeto sin agrietar. Sus pedazos goteantes, mezcla de lágrimas y sangre, se desmoronaron para luego filtrarse por el suelo.

La ceguera de la nada llegó con su brillantez.-

Comprendidas las intenciones, la boca recién creada continua su atropellamiento de letras, sigue hilando palabras y construyendo oraciones:

-Tienes miedo. Lo comprendo, créeme que sí, pero...-

Los labios detuvieron su movimiento por voluntad del muchacho. Era preciso no mancillar la inmaculada pureza del blanco ni dejar huella alguna tras las letras, que pudieran guiar los pasos del curioso hasta su fuente, la boca con sus prohibidas carnosidades.

-Pero no está bien-

Pronuncia al fin, abriendo grandes heridas a lo largo de su traquea por empujar las duras esquinas de una palabra de cuatro letras a su origen. Las invisibles cuerdas vocales despedazan cada uno de sus caracteres mientras la sangre se escurre.

- Es una completa cobardía, me parece totalmente egoísta.

Tú mismo dijiste que el hombre debe compartir su humanidad con los otros.

Todos tenemos miedo, estas mismas palabras tiemblan en mi garganta mientras las articulo.

-El iris de mis ojos se hizo inservible suspendiendo la visión de la tostada faz, con sus mejillas a medio rasurar y los rizos agradablemente desperdigados sobre la cabeza. La flor tan deseable de esos labios, abriéndose y cerrándose al compás de una estática frialdad, terminaba sus fatales pronunciaciones.-

La libertad reside en vencerlo, probablemente ya habrás memorizado la frase, su significado ha sido ya muy devaluado, pero yo he de hacerte comprender como te engañas a ti mismo al darle nuevo sentido.

Así es, te engañas. Dices no estar listo, afirmación más falsa simplemente no puede haber.

Voy a jugar con fuego. Nunca realmente se está preparado, lentamente se gesta sin avisar siquiera.

Cae lentamente como el agua en un grifo mal cerrado, y golpe a golpe, incisivo, invasor, se termina por llenar el recipiente.

Así, a cuentagotas, se impregna el algodón.

En algún momento una chispa inexplicable provoca la combustión, y el calor comienza a recorrer el cuerpo.

Se consume la vida y la reduce únicamente a ese mismo instante.

El propósito de la existencia parece condensarse entero al calor de ese fuego, cuya llama camina por el alma y llena cada hueco vacío.

¿En su ausencia? En ella sólo se vive del recuerdo. El reloj de arena se vuelca de cabeza y comienza a contar los segundos para otro encuentro con la flama.

Ese es ¿me quemo? No es más que la plenitud pura, y claro, no he de contradecirte, de su fórmula, tan concentrada e intoxicante, sólo se nos habrá de conceder su disfrute en pocos y espaciados momentos.

Dime ¿Estás dispuesto a renunciar a la oportunidad de volverlo a experimentar, ardiente y sofocante?

¿Verdaderamente prefieres resguardarte entre cuatro paredes?

En esa habitación de duro hielo una puerta oculta la salida. Los labios jamás aparecieron, incapaces de resistir, con el propósito de liberarte.

-Siguiendo la melodía del implacable viento helado, ese par de franjas sonrojadas formó un sonoro mensaje, que con cada movimiento de sus músculos reitera mi condena. Hicieron las veces del arco que disparó esas flechas de palabras, en recta trayectoria a la velocidad de los ritmos melancólicos de tu canción.-

Las palabras, desesperadas, arañan las paredes de la nada blanquecina, que pronto ceden ante la presión.

¿Esperas entregar la llave? ¿Deseas acaso que el auténtico dueño del cerrojo te rescate de tu helada prisión?

No son sino concepciones falsas, las razones saltan a la vista. No entregarás llave alguna, la vista de tu cuerpo está vedada, los gruesos muros de la frialdad aseguran que siga así. Y si aún cayeras presa del místico encanto de algún paseante por tus lindes. ¿Saldrías tú de la prisión nevada a entregarle la llave bien merecida?

Jamás acudirá el forjador de la cerradora, el único e irreal portador de tu llave, a salvarte. No serían más que símbolos, escritos de diestra mano, de un lenguaje bellamente manipulado por un frío intelecto humano.

¿Qué de interés podrían mostrar tus muros nevados? ¿Qué posiblemente lo llevaría a abrir la puerta?

Cierto es que un atisbo de luz traspasa tu prisión, yo lo he visto, pero ¿cuánto tiempo no he pasado esperando pacientemente a tus afueras? Quizá el dueño posea infinita paciencia, quizá sólo se detenga unos momentos para luego marcharse indiferente.

Sal, huye de tus frías paredes. Despréndete de tus ropas y lánzate en sacrificio, expón a la despiadada masacre del exterior tu pecho desnudo.-

Al compás del índice escribiendo "desnudo" el rostro recobró su cuerpo. Regresó el torso, regresaron los pies, las manos y el cabello. Solo en el espeso blanco el muchacho estaba desnudo.

Vulnerable, fetal, justo como los labios invitaban a permanecer, así flotaba Sergio en la brillantez de la nada, así desvió la mirada de las palabras recién plasmadas por la mano.

Tras dura lucha, recobró el control de su boca, y la forzó a dictar su voluntad, ya no le importaba dejar marcas.

-Perdona mis letras, producto de mi intelectualidad, disculpa las maneras con las que me dirijo a ti. Mi humanidad ya se cansó de idolatrarte, ya no soporta más el dolor de mis "te amos" lanzados al vacío.

-Mis agrietados labios se resecaron aún más a medida que la métrica extensión de tus palabras alejó al húmedo elixir, tu saliva, negándome el tibio abrazo de tu boca.

Se aprietan dolorosamente como preludio a la última canción ingenua, queda ante la sentencia de tu boca, horadando, saeta por saeta, mi amor.-

De tierra seca, moribundos, se hieren con cada letra encendida que pronuncian. De la herida mana la sangre con tu amor, salida de una grieta abierta en el corazón, rebelde fugitiva de su cárcel.

Al contacto del líquido sobre la superficie muerta de mis labios, éstos se secan aún más, escurren el sentimiento no correspondido sobre los nuevos cortes, matando otra vez la piel, atrofiándola en una sola y profunda llaga en carne viva.

Antes de abandonarse a la putrefacción, la boca sangrante alcanza a articular una última palabra.-

-Mi voz negra se desgarra en la tristeza, exalta su duda con los contrastantes falsetes y frasea su dolor al firme y reprimido arrullo de mi timbre esclavo. No así se apagarán mis ojos iluminados de intensidad traviesa. No mi corazón dejará de latir en su incompletitud el amor devoto hacia a ti.-

El último punto escrito por la mano marcó el final de la misiva, retumbando en el blanco espacio.

La cegadora brillantez pronto se apagó en pedazos y aparecieron las paredes. Surgieron de nuevo los muebles, y la cama se fue a colocar por debajo del vientre de Sergio. A través de las ventanas abiertas se apreciaban los árboles golpeados por el viento de la tarde en agonía.

Retornó el tolerable brillo de la luz eléctrica, el silbido intermitente de la línea telefónica volvió a resonar a través del auricular. Regresó el tiempo en los números llameantes del despertador y, mientras el blanco se reducía al tamaño de un montón de hojas de papel, la realidad instalaba sus últimos detalles.

La boca muerta, bañada en chorros constantes de sangre, ya no existía.

Un susurro repetía la palabra en los oídos del muchacho. Sonido proveniente de muy lejos, de los laberínticos espacios de la mente, la exhalación de un concepto que la mano no dudó en plasmar un solo instante.

- Confía.-

-Entonces mi boca se cierra y mi canto cesa sus lamentos. Desaparecen mis labios de la cara, encerrando mi querer en las pupilas térreas. Confinándolo en los espacios sedientos del corazón y apretándole en el bullicio de mi mente.-

Un precio debió de pagar Sergio por su atrevimiento, en lugar de labios, en ese espacio entre la nariz y el mentón, una cicatriz horizontal, oscura e infectada, dominaba el rostro.

-Aprisionado a fuerza de silencios, llora caudales de sangre mi amor. Sus dedos vomitan fallidos intentos de unas palabras.

Agoniza la pulcritud de la prisión, por debajo de sus paredes se escurren hilos de sangre y tinta.-

Olas grises (de Leopoldo Lugones) T 5

TAMBIÉN (T)
Sección especial para la publicación de obras de autores clásicos, de revistas o libros recibidos en intercambio por Revista Literaria Nuevas Letras desde 1981, de otros grupos literarios, de integrantes del taller literario Nuevas Letras y de los lectores en general.
LUIS ALBERO BATTAGLIA

Llueve en el mar con un murmullo lento.
La brisa gime tanto que da pena.
El día es largo y triste. El elemento
duerme el sueño pesado de la arena.

Llueve. La lluvia lánguida trsciende
su olor de flor helada y desabrida.
El día es largo y triste. Uno comprende
que la muerte es así..., que así es la vida.

Sigue lloviendo. El día es triste y largo.
En el remoto gris se abisma el ser.
Llueve... y uno quisiera, sin embargo,
que no acabara nunca de llover.