viernes, noviembre 29, 2019

PAGINANDO Al filo de la medianoche 28/10/2019






RADIO ASAMBLEA Al filo de la medianoche 28/10/2019
TE CUENTO UNA HISTORIA NOTA 66
PAGINANDO
  Amigos. Voy a hablar sobre las redes sociales. Las redes sociales aparecen para mí como un misterio, una entidad abstracta casi mística, puedo escribir plegarias pero no tengo un modo fehaciente de comunicarme con ellas. Tienen normas éticas (justificadas y justificables) que deben ser cumplidas y de no cumplirlas, como en la religión o en el colegio, sobreviene un castigo. Todos los talleres literarios a los que fui eran (en este caso de modo injustificado e injustificable) exigentes como redes sociales, como dioses: "corrección, trabajo, frustración, esfuerzo, más esfuerzo, más trabajo, más corrección". Si tenía un poema de 1000 palabras y lo reducía a 100 "muy bien qué buen trabajo hiciste" pero yo amaba mis 1000. La mística del esfuerzo y el encauzamiento, el "malestar en la cultura" del que escribió Freud (a quien admiro) o Nietzche en "el súper hombre" de "Así habló Zaratustra". En un caso la sociedad nos restringe para volvernos "buenos" (Freud), y al mismo tiempo relativamente frustrados; en otro artículo postula Freud que la masa nos vuelve "malos". Sin ánimo de corregir a los genios tal vez me atrevería a decir que la sociedad nos vuelve parecidos, parecidos a ella. Nietzche (otro genio) habla del súper hombre, que es aquel que se desata de ataduras sociales y se anima a manejarse libremente; el súper hombre del que habla, de todos modos, puede ser pichón de ser prediseñado para cambiar el mundo o salvarlo o de psicópata (según el gusto del súper hombre en cuestión). No es raro ni extraño que en las redes, como en los talleres, el colegio, o el mundo, lo preparado para hacer mal ocasione un bien y lo
preparado para hacer bien haga mal.
  Dado el eclecticismo de mi pensamiento puedo acordar con Nietzche o Rousseau quienes afirman según entiendo que la sociedad nos enferma, y con Freud quien creo que dice que la sociedad nos cura pero a la vez nos frustra. Agrega Freud a esta idea que los frustrados buscan en los artistas y en el arte la libertad perdida. Y visto desde esta perspectiva podamos tal vez concluir que el súper hombre es aquel que se anima y se arriesga a seguir siendo un niño o bien (en la versión social aceptada) un artista. Entonces qué se hace en un taller literario desde mi perspectiva: jugar... como un niño. El súper hombre u hombre libre puede ser una bendición, si usa su libertad para el bien o una desgracia si la usa para el mal. Entonces, según creo, el acompañante necesario para el súper hombre u hombre libre (o auténtico, como digo en mis talleres literarios) es y deberá ser el amor.
  Estoy escribiendo para hablar no sé exactamente de qué pero sospecho que sobre la libertad.
  Un abrazo.
  Desde el alma
  Luis Alberto Battaglia
  24/10/2019


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