miércoles, noviembre 29, 2006

¿QUÉ ES LA AMISTAD? (de Luis Pérez Poza) T 2

TAMBIÉN (T)
Sección especial para la publicación de obras de autores clásicos, de revistas o libros recibidos en intercambio por Revista Literaria Nuevas Letras desde 1981, de otros grupos literarios, de integrantes del taller literario Nuevas Letras y de los lectores en general.
LUIS ALBERO BATTAGLIA



Dedicado a Juan Manuel Maza

¿Qué es la amistad? ¿Alguien lo sabe? Hay veces que te pasas años junto a una persona y no llegas nunca a ser amigo, lo que se dice un verdadero amigo de ella. Incluso, en momentos de mala racha, o de tiovivo desenfrenado, que es cuando a uno le patinan todas las neuronas y hace veinte mil estupideces, esa cercanía o longeva proximidad circunstancial se convierte en una licencia para robar o para amargarle la vida al prójimo, como suele suceder en la mayoría de las parejas tras largos años de convivencia sin más común denominador que haber coincidido en el mismo espacio y tiempo y estar aburridos. Y, sin embargo, en otras ocasiones, muy raras ocasiones, porque la amistad se puede dar entre parejas y no parejas, hombres y mujeres, en definitiva, seres vivos, lo que no le quita la consideración de hecho raro y especial, compartes unas horas de mesa y mantel, una simple tapa de calamares en una terraza de A Coruña, una charla entrañable, tal vez un café y una escueta copa de pacharán de rebote en un bar de camino a la despedida, y sabes que la amistad con ese ser humano será indestructible, algo por encima de las humanas veleidades de la existencia, se cumplan o no las expectativas de apoyo mutuo que el encuentro genere y que muchas veces no fructifican porque dependen de factores ajenos a la voluntad de uno.
Por eso también, a veces, es más doloroso que lo que le pueda acontecer a un familiar cercano que vive en el mismo edificio, saber que esa persona, con la que solamente has compartido unos minutos de este mortal vía crucis que es la vida, está atravesando por un momento delicado de salud. ¿Qué hacer? ¿Decirle que todo se va a solucionar? ¿Qué la baraja ha sido mal repartida y han pintado bastos, primero el as para su hija con una complicada enfermedad que va superando y luego el tres para él con otra historia de características bastante similares? No cabe duda que es difícil adoptar una postura cabal y equilibrada frente a una situación de tal calibre, por eso, quizá, he tardado tanto tiempo en escribir estas letras. ¿Qué hacer? ¿Escribir un poema? Sí, quizá sí, pero necesito un poco de distancia en el almanaque para asentar el impacto que me ha producido la noticia. ¿Decirle que hay que seguir luchando? Eso ya lo sabe él. Ha sido siempre un luchador nato y los que lo conocemos y hemos coincidido, aunque tan sólo sea unos minutos, sabemos que no va a arrojar la toalla tan fácilmente. Ofrecerle todo el cariño y comprensión del mundo: Sabe que la tiene. No. A mí lo que me gustaría es destacar su faceta de revolucionario, de pionero de una revolución que todavía está por poner en marcha y de la que nos ha señalado el camino.
Conocí a Juan Manuel Maza en la lista mentidero. Me pareció un tío importante, cuestión que creo firmemente lo es. Su pasada vinculación como representante en determinadas áreas de los principales bancos españoles en Nueva York así lo atestigua. Cuando me comunicó que venía a España, que pasaría un par de días en A Coruña y que le gustaría verme personalmente no puse ningún inconveniente y me faltó tiempo para tomar el autobús, dos horas de ida y dos de regreso, simplemente para comer con él en una terraza junto al puerto deportivo. Como editor le había publicado lo que considero el manual de su revolución, una "Guía de Inversiones Éticas", quizá el primer y único libro ajeno a la poesía o a la literatura que le he publicado a alguien, cuestión que hice porque me pareció eso: una manera notable y sumamente eficaz de contribuir a cambiar el mundo. Una filosofía tan sencilla como la siguiente: Si la gente no invirtiera en la bolsa en la compra de acciones de empresas carentes de código ético, sino que le exigiera ese código, muchas de las tropelías de este mundo se acabarían. Y Juan Manuel se encarga de eso desde su despacho de Nueva York, de asesorar a los inversionistas para que lo hagan de una forma ética. Una tarea difícil, ya que la ética de la gente es más fina que el hilo de una tela de araña o el cordón umbilical de un sueño; una tarea silenciosa, casi invisible; una manera de hacer la revolución pero sin duda más eficaz que cientos de miles de panfletos, manifestaciones o guerrillas armadas.
Cuando nos encontramos en la cafetería de una plaza esperaba un tío envarado, de esos a los que la corbata se les queda de pie sobre la mesa si se la quitan en algún momento o que duermen con pijama de chaqué y su mujer debe poner una instancia con diez días hábiles de plazo para hacer el amor. Un auténtico broker neoyorquino si es que se dice de esa forma. Pero no. No era así. Desde mi atalaya de poeta un tanto bohemio, como él me definió después en un escrito, me pareció una excelente persona a la que, sino fuera porque no los tengo, le confiaría con fe ciega todos mis ahorros y hasta el último botón de la camisa. Y supe, tras aquellos breves minutos de terraza, chipirón, y foto sacada por un camarero que como bohemio todavía no he llevado a revelar, que siempre tendría en él un gran amigo. Vaya, pues, desde aquí, un fuerte abrazo y mi más sincera solidaridad para con él y su familia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno