miércoles, mayo 09, 2007

CONVERSIÓN (de María Isabel Marín "Moni") P605260

Ayer fui sal, después arena, hoy soy roca, mañana tal vez hielo.
Desde mi fría estructura contemplo el volar de las aves, cómo suavemente besan el mar y se alejan sin dejar huella. Una gaviota se posó un día sobre mí y sentí por vez primera, algo así como un latir, como un estremecimiento. Creo tal vez, que es una sensación, en mi calidad de roca, bastante inusual. Cuando la gaviota emprendió el vuelo, nuevamente, le supliqué que volviera. Me contempló con asombro. Yo, una roca, una fría y dura roca, le estaba implorando que se quedara junto a mí. No respondió, volteó y comenzó a volar...
Aquella noche, por primera vez sentí la soledad absoluta, la oscuridad infinita, el frió intenso.
Deseé con desesperación que llegara la luz del día...
El amanecer fue lento, cuando el sol iluminó con sus primeros rayos, sentí un alivio inmenso. Pensé por un momento que el día me traería nuevamente a aquella indiferente gaviota. Pasaron los días, tantos días que juntos formaban semanas. Y pasaron tantas semanas, que juntas formaban meses.
Muchas gaviotas se posaban en mi, permanecían largo tiempo junto a mí. Pero yo seguí esperando a esa gaviota indiferente, que fue sorda a mis súplicas.
Cuando el mar golpeaba en mi sus olas, sentía el dolor más grande en toda mi estructura.
No podía comprender cómo yo estaba sintiendo todo esto. Para mí estaba vedado sentir, pero sin embargo sentía...
Cuando ya casi había perdido toda esperanza de volver a ver a la gaviota; en uno de esos fríos días de agosto, por entre las nubes, en un cielo totalmente gris, carente de sol, apareció aquella gaviota. Aquella indiferente, por la cual había esperado durante tanto tiempo. Voló directamente hacia mí, y se posó suavemente en mi superficie. Se acurrucó y allí se quedó, estática, mirando indefinidamente, al horizonte incierto.
En mi interior, sentía como un desmoronamiento, un desprendimiento de mi materia. Era algo extraño, una rara sensación, pero yo como roca, poco sé de esas cosas...
De pronto me dí cuenta de que mi querida gaviota, estaba herida, pues sentí su sangre caliente correr por mi todo. Y la pena profunda y la alegría completa, me invadieron. Pena por la gaviotita, alegría por mí. Porque en cierto modo comenzaba a existir un lazo, algo que nos unía profundamente.
En aquel momento deseé con todas mis ansias, convertirme en un plácido lecho de pétalos de rosas. Suaves pétalos, para anidar a la gaviotita y hacer más confortable su estadía en mí.
La tosquedad de mi estructura, no me permitía brindarle la comodidad que deseaba darle.
Cuando llegó la fría noche, sentí, que el tembloroso cuerpito emplumado se acurrucaba, con el fin de atenuar el frió. Concentré toda mi energía y traté en lo posible de que la gaviotita sintiera mi calor.
Transcurrieron aproximadamente dos días, la pobrecita gaviota sé moría inevitablemente.
Al amanecer del tercer día, la gaviota ya no existía. El cuerpecito caliente, comenzaba a enfriarse, mientras el sol más se encendía.
Y el mar estaba furioso, sus olas chocaban muy fuerte en mí. Y de pronto una ola gigantesca, me golpeó tan fuerte, que mi estructura se deshizo en mil pedazos. Fragmentos de roca molida, confundidos entre la arena y mi propio dolor.
Yo los veía desde el cielo, cerca de Sol, sobre el mar. Veía los miles de fragmentos de mi antigua forma de roca...
....Los veía desde el cielo, con ojos de gaviota..

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