miércoles, mayo 23, 2007

VIENTO (de Gonzalo Gálvez) P704130

Más sobresaltado que otras veces me desperté. Era poco más de medianoche y un viento terrible entraba por una de las ventanas y salía por la opuesta produciendo un alboroto y revuelo de papeles en toda la sala. Me levanté dispuesto a cerrarlas en medio de la oscuridad y al estar en el centro del remolino vi que el viento me golpeaba arrancando conceptos de mi cabeza y estrellándolos en el piso, haciéndolos pedazos. De a poco iba olvidando el nombre de los objetos cotidianos que me rodeaban, se escapaban de mi mente y de a poco todo alrededor se me volvía innombrable. Rápido cerré las ventanas y me senté a pensar qué podía ser este fenómeno. De a poco los recuerdos, difusos volvían y deduje que era el viento lo que causaba el olvido. Ya no iba a poder dormir, y aún con las ventanas cerradas algo de brisa entraba. Tomé papel y lápiz y me puse a rotular cada objeto pegándole un cartelito con su nombre. Así identifiqué primero la misma mesa, las sillas y poco a poco cada uno de los muebles, después fue el turno de los adornos y finalmente las cosas que a simple vista parecían obvias: paredes, suelo, techo, ventanas. Rotulé la heladera y cada una de las cosas de su interior. El ropero y toda la ropa. La cocina, ollas, cubiertos, vasos. Ya el sol brillaba alto cuando empecé con los libros, los de imágenes, escribiendo sobre las fotos el nombre de cada uno de los objetos y paisajes que allí aparecían. Cuando la forma de los objetos no delataba a simple vista su función los indicaba con un número y a pie de página anotaba para qué servían y de qué materiales estaban construidos. A media tarde tenía un catálogo completo de objetos y conceptos simples. Estaba agotado. Encendí un cigarrillo y mientras fumaba rotulé la cajilla y el encendedor. Durante mi breve descanso pensé que si compraba un diccionario podría valerme de este inventario casero para deducir el nombre de cosas más complejas o que simplemente no tuviera yo en casa. De esta forma solo se me escaparían pocos conceptos y mi memoria estaría casi completa.
Afuera el viento era más débil ahora, por lo que decidí vestirme y salir por el libro. Ya en la calle sentí como el viento aún causaba daños a mi memoria, me crucé con un par de personas que me producían sensaciones extrañas, sin duda las conocía, pero no lograba recordar sus nombres, que lugar ocupaban en mi vida ni que sentimientos despertaban. Podían ser amigos, enemigos, familiares, vecinos, conocidos. Quién sabe, pero como ellos tampoco me recordaban pasé de largo sin saludar. Había caminado un par de cuadras cuando te vi. Esta vez la sensación fue más fuerte, nos miramos, sin gestos, sin palabras y seguimos cada uno nuestro camino. ¿Quién eras? Sin dudas alguien importante para mi, pero ¿quién?. Seguí una cuadra más y decidí hacer un rodeo de tres manzanas para colocarme de frente a vos, en tu camino, un par de cuadras más adelante y provocar un nuevo encuentro. Comencé a desandar el camino intentando acomodar ideas cuando una cuadra delante apareciste frente a mí. Esperé que llegaras y me detuve. Abrí los brazos frente a vos y dije ¡Hola! Me miraste sin detenerte, me rodeaste y seguiste de largo.
Estuve así parado, con los brazos abiertos un par de minutos. Confundido me senté en el cordón de la vereda y encendí un cigarrillo. Había olvidado cómo regresar a casa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me parece que conozco esta publicacion, me gustaria ver más del autor saludos.

cecilia.

Luis Alberto Battaglia dijo...

Cecilia.

ya le informé a Gozalo de tu interés, tal vez se comunique con vos.

Un besito

Luis