miércoles, octubre 25, 2006

Edición adelantada (de Carlos A. Fernández) 006

Se quedaron en el galpón, al fondo del café.

Muchas veces usaban el lugar, entre otros. Pero no por carecer de techo, a no equivocarse. Carecían de paredes.

Nadie sabe por qué estaban tan bajo. Cayeron, los tiraron, están de turismo, ni se dan cuenta, o fiaca. Creemos que o.

Ramón (alias Bolú) tornero matriculado, con postgrado en reparación de superheterodinos, cuando las crisis (todas, una por una) fue desplazado lentamente del universo productivo; se estacionó en uno improductivo.

Vicente, perito mercantil, dos años en Productividad Industrial, le tocó la época de "¿sabés diseñar?¿sabés producir? ¡S!¡Sì!. "Bueno, conseguite un financista, diseñalo y fabricalo, después vendelo. El neto cobrado depositalo en nuestra cuenta y una vez por mes pasá a retirar la comisión. Lo malo es que Vicente, pobre costurerita, se metió hasta el cuello: se empeñó con el financista, se endeudó con los proveedores, se estafó a sí mismo como único obrero. Y, optimista, depositó religiosamente lo cobrado. Su padre decía "¡qué país generoso, éste!". Y le creyò, o no le entendió.

Esa historia, el hambre, tiempo para filosofar, y algunos tangos, moldearon a los porteños de hoy. Si hay miseria que no se note; estamos mejor que si estuviéramos peor; el que no llora no mama, y el que no mama sí que está jodido.



Falta poco para reunirse con el Ponja y siguen soñando. Despacho, whisky importado, dos o tres secretarias, de modo que al menos una pueda trabajar, bañera tres cuerpos, con espuma perfumada (que no es bañarse). No paraban.

Llegan al bar. Se dirigen al mozo-lavacopas del turno mañana;

—Plis ¿Le podria decir al emisario de Oriente que los licenciados Bolú y Gomina solicitan su presencia?

—Gallego. Los rascas llegaron. Vienen mamados –avisa el tipo, sin dejar de pasar el trapo.

—Ëste no dura bajo mi mando —sentencia el Gomina. El Bolú asiente, coincidente con el criterio de RRHH de su asociado.



Aparece el Ponja, con dos paquetes.

—A vel cómo les va –les dice.

—Con los ojos dilatados como chico en Navidad, abren los paquetes.

—¡Pero éstos son ropas de mozo!

—No señol. No señol. Son disflaces típicos de un bailongo leo, en el viejo Almaglo.

—¡Pero tenemos que trabajar!

—No señol. No señol. Van a cumplil taleas que plopolcionen una imagen del guapo olillelo, mientlas silven la comida y etcètela.

—Che Gomina, oigo "etcétela" y se me flunce, digo frunce. Pero negociemos, no nos queda otra. Vivimos lemocáus en un melengue...¡Puta! el rasgado ya me está contagiando, honolable boludo.

El del Este siguió: —Uds. Van a sel mi mano delecha...

—¡Chinoise, si vos sos zurdo! —casi gritó el Gomina—. Se sabía atrapado sin salida y sin desayuno, que Chen, en ese mismo momento estaba sirviendo



Firmaron el acuerdo. Funciones de asesoría, relaciones públicas y misceláneos.

En un mes se lanza el Club de Tango "Oriente Malevo".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡ EXCELENTE EDICIÓN ADELANTADA !!!GRAN TRABAJO.
HERMOSO BLOG...
ABRAZOS Y BESOS
RAQUEL LUISA TEPPICH

Luis Alberto Battaglia dijo...

Gracias Raquel